Desalojado un edificio de ocho plantas en Palma tras el derrumbe parcial del tejado

Última actualización: mayo 7, 2026
  • Un bloque de ocho plantas y 16 viviendas en la calle Sant Novici de Palma fue desalojado tras el desplome parcial del tejado.
  • No se registraron heridos, pero los Bomberos y la Policía Local ordenaron la evacuación preventiva de todos los residentes.
  • El edificio ha quedado precintado en varios bloques mientras técnicos municipales evalúan los daños estructurales.
  • El caso reabre el debate sobre el mantenimiento de los edificios y la necesidad de inspecciones periódicas.

Edificio desalojado en Palma

Un bloque de viviendas de ocho alturas situado en el barrio palmesano de Foners tuvo que ser desalojado de urgencia después de que parte de la cubierta se desplomara sobre una de las viviendas superiores. La incidencia, que obligó a abandonar 16 pisos, no dejó heridos, pero sí generó gran inquietud entre los vecinos y ha puesto el foco sobre el estado de conservación de muchos inmuebles antiguos.

El suceso se produjo en el número 17 de la calle Sant Novici, en torno a las 17.00 horas de este lunes. Un fuerte estruendo alertó a los residentes cuando un tramo del techo de la última planta cayó sobre el salón de uno de los pisos. A raíz de este colapso parcial, los equipos de emergencias activaron un amplio dispositivo y decidieron evacuar el edificio como medida preventiva, ante el temor de nuevos desprendimientos.

Cómo se produjo el derrumbe del techo en Sant Novici

Según han detallado fuentes de la Policía Local y de los Bomberos de Palma, el incidente se originó en la parte alta del inmueble, una finca de ocho plantas que alberga 16 viviendas repartidas en varios bloques (principalmente los portales A, B y C). La caída afectó directamente al salón del octavo A, considerado la «zona cero» del siniestro.

Los testimonios de los afectados coinciden en describir un momento de auténtico sobresalto. El propietario de la vivienda donde se desplomó el techo, Miguel Domingo, relató que se encontraba en casa con su hija cuando comenzó todo. «Estábamos en el salón y hemos escuchado un ruido enorme, algo muy exagerado; no entendíamos qué pasaba», explicó tras el suceso.

En un primer momento, el vecino pensó que podía tratarse de algún objeto caído en la terraza. Sin embargo, fue la reacción de su hija la que evitó un desenlace mayor. «Me he levantado del sofá para mirar la terraza y mi hija me ha dicho: ‘no, papá, corre, que es el techo’», recordó. Apenas tuvo tiempo de cruzar el pasillo cuando parte de la techumbre se vino abajo. «Me he salvado por segundos», lamentó, señalando que, al menos de momento, se ha quedado sin vivienda.

El derrumbe provocó un gran estruendo que se oyó en buena parte de la finca, lo que llevó a muchos inquilinos a salir al rellano o directamente a la calle para intentar averiguar qué estaba ocurriendo. A pesar del susto, ninguna de las personas que se encontraban en el edificio resultó herida, algo que los servicios de emergencias atribuyen en parte a la rápida evacuación y a que en el momento del desplome algunos pisos se hallaban vacíos.

Fuentes municipales apuntan a que las causas del colapso se están investigando, si bien todo indica que podría estar relacionado con patologías estructurales de la cubierta, posibles problemas de humedad prolongados y, eventualmente, sobrecarga por acumulación de materiales en la azotea.

Desalojo preventivo y amplio despliegue de emergencias

Minutos después del aviso, la zona se llenó de dotaciones de los Bomberos de Palma, patrullas de la Policía Local y efectivos de la Policía Nacional, además de personal de los Servicios Sociales del Ayuntamiento. El operativo se centró, desde el primer momento, en asegurar el perímetro, evacuar el edificio y descartar riesgos inmediatos para las personas.

Los bomberos declararon que la finca no reunía condiciones suficientes de seguridad para seguir habitada mientras no se analizara en profundidad el alcance de los daños. Por ello, ordenaron el desalojo de todos los residentes que estaban en el interior a esa hora. Decenas de vecinos tuvieron que abandonar sus casas de forma precipitada, muchos de ellos «con lo puesto», sin tiempo para recoger enseres ni hacerse cargo de sus mascotas.

El Ayuntamiento de Palma confirmó que en total se vieron afectadas 16 viviendas, especialmente las correspondientes a los bloques A y B y la última planta del C. Tras una primera inspección, se decidió precintar por completo estos portales, mientras que otros residentes del bloque C pudieron regresar a sus domicilios al considerarse que no existía un riesgo inmediato en esas unidades.

En la calle Sant Novici se vivieron momentos de tensión y nerviosismo mientras los equipos de emergencias confirmaban que no había heridos y organizaban la salida de todos los moradores. Algunos vecinos señalaban que el ruido «parecía una explosión» y que, en un primer instante, nadie sabía si se trataba de un derrumbe interno o de otro tipo de incidente.

Como parte del protocolo, los bombers realizaron una primera evaluación visual del edificio, apuntalando las zonas más comprometidas y delimitando áreas a las que quedaba terminantemente prohibido acceder. La finca quedó acordonada y con acceso restringido, a la espera de un examen más exhaustivo por parte de los técnicos municipales.

Acceso controlado para recoger pertenencias y mascotas

Una vez garantizada la seguridad mínima en el interior, los equipos de emergencia diseñaron un dispositivo de acceso controlado para los vecinos desalojados. El objetivo era permitir que los afectados pudieran recuperar documentos importantes, ropa básica y algunos objetos personales imprescindibles para pasar los próximos días fuera de sus hogares.

Bajo supervisión de los Bombers de Palma, los residentes fueron entrando en grupos reducidos y de forma escalonada en los diferentes pisos. Los bomberos acompañaban a cada familia hasta su vivienda, controlando el tiempo de permanencia en el interior y el recorrido por las zonas que se consideraban más seguras, con el fin de minimizar cualquier riesgo.

La operación se prolongó durante la tarde, y se repitió al día siguiente con especial atención a las mascotas. Muchos propietarios se habían visto obligados a salir del edificio sin poder llevarse a sus animales de compañía, de modo que las nuevas entradas tuteladas sirvieron también para rescatar gatos y otros animales que habían pasado la noche en el interior.

Una de las imágenes más repetidas fue la de vecinos abandonando la finca con transportines y cajas en las que llevaban a sus mascotas, junto a bolsas con ropa, medicamentos y documentación. Algunos de ellos explicaban que habían dormido en casas de amigos o familiares, mientras que otros esperaban la solución ofrecida por los Servicios Sociales municipales.

Desde el Consistorio se informó de que un grupo de al menos diez personas recibió alojamiento temporal facilitado por el área de Servicios Sociales, mientras que el resto optó por realojarse de forma provisional en viviendas de allegados. La previsión es que esta situación se prolongue, como mínimo, hasta que los técnicos certifiquen que no existen riesgos graves o se ejecuten las obras necesarias.

Evaluación técnica: estabilidad del edificio y posibles causas

En las horas y días posteriores al siniestro, técnicos municipales y responsables de los Bomberos de Palma han llevado a cabo diversas inspecciones en el inmueble de Sant Novici para determinar el estado real de la estructura. La visita más detallada tuvo lugar el martes por la mañana, con el arquitecto municipal desplazándose a la denominada «zona cero» acompañado por efectivos de los bombers.

El objetivo de estas revisiones es valorar el alcance de los daños en la cubierta, en los forjados y en elementos clave del edificio, y decidir si basta con un apuntalamiento y reparación parcial o si es necesario mantener el precinto prolongado de una parte o la totalidad de la finca. Hasta que no se emita un informe definitivo, los vecinos de los bloques clausurados no podrán regresar de manera normal a sus viviendas.

Entre las hipótesis que se barajan figura la combinación de patologías derivadas de humedades persistentes, posible falta de mantenimiento y, en su caso, usos indebidos de la cubierta, como acumulación de materiales o sobrecargas no previstas en el diseño original. Este tipo de factores, mantenidos en el tiempo, pueden deteriorar de forma notable la capacidad portante de hormigones, armaduras y otros componentes estructurales.

El Colegio Oficial de Arquitectos de las Islas Baleares (COAIB) ha aprovechado el caso para insistir en la relevancia de los informes de evaluación de edificios y de las inspecciones periódicas, especialmente en construcciones con cierta antigüedad. Recuerdan que no se trata de un mero trámite administrativo, sino de una herramienta directamente vinculada a la seguridad de las personas que viven en ellos.

Desde el COAIB se subraya que la aparición de fisuras, grietas, humedades o manchas de óxido debe ser siempre un aviso para contactar con un técnico cualificado, que pueda determinar si se trata de un problema superficial o del síntoma de una degradación estructural más profunda, como la carbonatación del hormigón o la oxidación de las armaduras.

Debate sobre el mantenimiento de los edificios y la seguridad vecinal

El derrumbe de parte del tejado en este bloque de Foners ha reabierto el debate sobre la conservación del parque de viviendas en Palma y en otras ciudades españolas. Aunque no es habitual que se produzcan colapsos de esta naturaleza, los expertos apuntan a que la falta de revisiones periódicas y el aplazamiento de las obras de rehabilitación pueden incrementar el riesgo de incidentes.

En muchos casos, las comunidades de propietarios tienden a priorizar gastos más inmediatos y posponer las intervenciones estructurales, ya sea por falta de recursos o por discrepancias internas. Este retraso, sumado al envejecimiento natural de los materiales y a las inclemencias meteorológicas, puede dar lugar a patologías que, sin ser atendidas a tiempo, derivan en situaciones como la vivida en Sant Novici.

El COAIB recuerda que las inspecciones de edificios son obligatorias a partir de ciertas edades y según la normativa de cada municipio, y que su finalidad es detectar a tiempo cualquier signo de deterioro que pueda comprometer la estabilidad. La recomendación que lanzan a las comunidades es no minimizar señales como goteras constantes, cambios de color en techos y paredes, o pequeñas deformaciones en elementos portantes.

Por su parte, desde el Ayuntamiento se insiste en que la prioridad es garantizar la seguridad de los residentes, aunque ello implique medidas tan drásticas como desalojar una finca entera. En el caso de Sant Novici, se ha actuado con el principio de prudencia máxima, aun a costa de generar molestias importantes a los vecinos afectados.

Mientras tanto, las familias damnificadas intentan organizar su día a día entre alojamientos temporales, trámites con sus seguros y la incertidumbre sobre cuándo y en qué condiciones podrán regresar a sus hogares. Algunos reconocen que no esperaban una situación así y que, a partir de ahora, prestarán más atención al estado general del edificio y a las recomendaciones de los técnicos.

El incidente de Foners ha dejado patente la importancia de un mantenimiento riguroso, de las inspecciones técnicas periódicas y de la rápida respuesta de los servicios de emergencia. Pese al susto y a los daños materiales, la ausencia de heridos ha sido el dato más positivo de un episodio que, aun así, ha sacudido la tranquilidad de un bloque entero y ha puesto sobre la mesa la necesidad de cuidar mejor el parque residencial urbano.