- Digi decide posponer la salida a Bolsa de su filial española por la volatilidad de los mercados y la tensión geopolítica en Oriente Próximo
- La operación preveía captar entre 150 y 200 millones de euros mediante una OPS y una posible OPV de una participación minoritaria
- El grupo mantiene el plan bursátil abierto y vigilará nuevas ventanas entre verano y finales de año para retomar la transacción
- Los fondos se destinarán a seguir financiando el fuerte crecimiento e inversiones en fibra y 5G de Digi en el mercado español

La operadora de telecomunicaciones de origen rumano Digi ha decidido echar el freno a su estreno bursátil en España. La compañía ha optado por aplazar el proceso de salida a Bolsa de su filial española ante la elevada volatilidad de los mercados y la incertidumbre generada por el conflicto en Oriente Próximo, especialmente por la guerra en Irán.
Según explican distintas fuentes financieras, el grupo había avanzado de forma notable en los trabajos previos para debutar en el parqué, pero la combinación de inestabilidad geopolítica y nerviosismo en los mercados de capitales ha llevado a Digi a concluir que no es el momento adecuado para una operación de este calibre, pese a que el interés de los inversores era elevado.
Una decisión condicionada por la inestabilidad del mercado
La compañía ha comunicado a los bancos de inversión implicados que no utilizará la actual ventana de mercado para registrar su ITF (Intention to Float), el anuncio formal con el que se activa el proceso de colocación de acciones. La decisión responde a un escenario de fuertes vaivenes en las bolsas internacionales y a un contexto geopolítico marcado por la tensión en Oriente Próximo.
Fuentes próximas al grupo señalan que las órdenes de interés preliminares de los inversores eran suficientes y de buena calidad, y que las reuniones exploratorias celebradas en las últimas semanas mostraban una acogida «muy positiva» al proyecto de Digi Spain y a su plan de crecimiento en el mercado español.
Pese a ello, la dirección ha preferido optar por la cautela. La empresa considera que las noticias sobre posibles altos el fuego o treguas temporales en la región no bastan, por ahora, para garantizar un entorno estable en el que lanzar una operación que aspira a movilizar varios cientos de millones de euros.
En sus mensajes al mercado, Digi insiste en que la transacción “no es inminente” y que no se ha tomado ninguna decisión definitiva sobre fechas concretas. La compañía prefiere mantener flexibilidad, seguir analizando la evolución del contexto global y no cerrarse ninguna puerta en cuanto a formato o calendario de la futura operación bursátil.
Ventanas de salida: de la primavera al otoño
El grupo trabajaba con la llamada ventana de primavera, que se extendía desde finales de abril hasta mediados de mayo. Dentro de ese periodo, la teleco podía utilizar sus resultados anuales más recientes como base informativa para la colocación. La idea inicial era registrar la intención de salida en abril y dar el salto al parqué a finales de mes o principios de mayo.
Al dejar pasar esa oportunidad, el calendario se desplaza a ventanas posteriores. La siguiente opción pasa por usar las cuentas del primer trimestre del año, lo que abriría un nuevo intervalo hasta aproximadamente mediados de agosto. Si ese plazo también se considerase poco propicio, el siguiente punto de referencia serían los resultados del primer semestre, que situarían el posible debut hacia mediados de noviembre.
En diferentes comunicaciones internas y externas, Digi ha venido recalcando que no existe una urgencia perentoria para cotizar. La salida a Bolsa encaja en su estrategia de largo plazo para reforzar la estructura de capital y diversificar las fuentes de financiación, pero la compañía prefiere no precipitar una transacción en un entorno que considera demasiado incierto.
Fuentes de mercado apuntan a que, durante las últimas semanas, la cúpula había observado con preocupación los movimientos de los índices y el aumento de la prima de riesgo percibida por los inversores en sectores intensivos en inversión como las telecomunicaciones, lo que ha pesado en la balanza a la hora de posponer la operación.
Estructura prevista de la operación y objetivo de la colocación
El esquema sobre el que trabajaban Digi y sus asesores contemplaba una operación mixta, con oferta pública de suscripción (OPS) y oferta pública de venta (OPV). La filial española tenía previsto emitir nuevas acciones por un importe situado en una horquilla de entre 150 y 200 millones de euros, con el objetivo de captar recursos frescos para financiar su expansión en el mercado nacional.
Además de la ampliación de capital, la matriz valoraba la venta de una participación minoritaria de Digi Spain mediante la colocación de títulos ya existentes. Distintas estimaciones de mercado sitúan la posible porción en torno a hasta un 30 % del capital de la filial, siempre con la premisa de que el grupo conservaría el control del negocio en España.
Las valoraciones preliminares manejadas por analistas y bancos de inversión situaban el valor empresarial de la división española en el entorno de los 2.500 millones de euros, incluyendo capital y deuda. Con esa referencia, el volumen global de la operación —sumando la ampliación de capital y la oferta de venta— podría haber alcanzado en torno a los 750 millones.
El diseño de la operación estaba pensado para que los fondos obtenidos se destinaran de forma prioritaria al plan inversor en España, que incluye el despliegue de fibra óptica hasta el hogar, el refuerzo de la red móvil y la expansión en nodos 5G. Digi ha sido uno de los operadoras que más ha presionado los precios en el mercado español, lo que se ha traducido en un fuerte aumento de su base de clientes, pero también en una demanda de capital constante para sostener su ritmo de crecimiento.
Planes de inversión y crecimiento en España
Digi Spain se ha consolidado como uno de los grandes dinamizadores del sector de las telecomunicaciones en España por captación de usuarios. En los últimos ejercicios ha escalado hasta situarse como el cuarto operador del país por cuota de mercado, apoyado en una estrategia comercial basada en tarifas agresivas en fibra, móvil y, en algunos casos, televisión de pago.
El crecimiento acelerado ha venido acompañado de un ambicioso plan de despliegue de infraestructuras propias. La compañía ha destinado cientos de millones de euros a ampliar su red de fibra óptica y se encuentra inmersa en una nueva fase de inversión orientada tanto al refuerzo de su red fija como al desarrollo de capacidades en telefonía móvil, incluida la tecnología 5G.
Entre los objetivos a medio plazo, Digi aspira a incrementar de forma notable el número de hogares con acceso a su red de fibra, con la meta de acercarse a las grandes redes de sus competidores y consolidar su presencia en zonas urbanas y periurbanas con suficiente densidad de población. Ese despliegue, junto con la captación de nuevos clientes, explica la necesidad de seguir alimentando el plan de crecimiento con recursos adicionales.
El grupo ha señalado en varias ocasiones que, tras un periodo de inversiones muy intensivo, a partir de los próximos años espera normalizar su esfuerzo inversor recurrente en infraestructuras por debajo de un determinado umbral sobre ingresos, concentrando las grandes partidas en proyectos de expansión de fibra y en iniciativas que faciliten la migración de clientes a su red propia.
Relación con la matriz y papel de la filial española
La sociedad española está controlada al 100 % por Digi Romania, la matriz del grupo, que cotiza actualmente en la Bolsa de Bucarest y que también desarrolla actividad en otros mercados europeos como Italia, Portugal y Bélgica. El principal accionista de la empresa matriz es el empresario Zoltán Teszári, que conserva el control del conglomerado.
En los últimos años, Digi ha dado pasos para dotar a la filial española de una mayor autonomía operativa y financiera. La escisión de ciertas actividades y la configuración de Digi Spain como una entidad con personalidad propia responden al objetivo de facilitar el acceso directo a los mercados de capitales y de deuda, algo que encaja con la idea de un futuro estreno bursátil en España.
La dirección del grupo ha dejado claro que no contempla perder el control de sus principales filiales, incluida la española. En su estrategia de largo plazo, la OPV que se está estudiando pasaría por colocar una participación minoritaria para diversificar la base accionarial, ganar visibilidad en el mercado español y reforzar el vínculo con inversores institucionales locales e internacionales.
Desde un punto de vista de posicionamiento, Digi busca también el reconocimiento que aporta ser una empresa cotizada en un mercado relevante como el español, algo que podría ayudar a mejorar su imagen de marca, atraer talento y fortalecer su relación con socios industriales y financieros.
El papel de los bancos y asesores en la operación
Para articular el salto al parqué, Digi había conformado un amplio sindicato bancario encabezado por varias entidades internacionales y nacionales de primer nivel. Barclays, Banco Santander y UBS estaban mandatados como coordinadores globales (global coordinators) de la operación.
En un segundo escalón figuraban BNP Paribas y Citi como colocadores (joint bookrunners), mientras que BBVA, CaixaBank e ING también participaban en diferentes funciones dentro del consorcio. Esta estructura refleja la complejidad y la envergadura de la operación, orientada a atraer tanto a grandes inversores internacionales como a gestoras y aseguradoras con fuerte presencia en el mercado español.
En el plano de asesoría independiente, Digi contaba con Rothschild como asesor financiero, encargado de coordinar aspectos clave como la valoración, el diseño de la transacción y la interlocución con los distintos bancos colocadores. En el ámbito jurídico, el grupo había recurrido al despacho Uría Menéndez para el asesoramiento legal de la compañía, mientras que Linklaters proporcionaba apoyo legal a las entidades financieras implicadas.
Pese al aplazamiento, la estructura de asesores y bancos sigue en pie, a la espera de que se reabra una ventana de mercado más favorable. Los trabajos técnicos y de documentación avanzados hasta ahora podrán reutilizarse, con las actualizaciones necesarias, cuando se retome el proceso.
Perspectivas de futuro y vigilancia del entorno
La decisión de retrasar el debut bursátil no significa un cambio de rumbo en la estrategia de Digi para España. La empresa insiste en que sigue explorando opciones estratégicas para su negocio en el país, entre las que continúa figurando de forma destacada la posibilidad de una oferta pública inicial de acciones de su filial Digi Spain Telecom.
En sus mensajes más recientes, la compañía ha subrayado que la respuesta de los inversores ha sido muy favorable durante las conversaciones exploratorias, destacando que el mercado reconoce las perspectivas de crecimiento de la filial española y el valor de la estrategia que se está desplegando en el país.
De cara a los próximos meses, Digi y Digi Spain seguirán monitorizando de cerca la evolución del contexto geopolítico y de los mercados de capitales. La clave pasará por identificar un momento en el que la volatilidad se reduzca, los indicadores de riesgo se estabilicen y exista suficiente visibilidad sobre la evolución macroeconómica como para lanzar la oferta con un nivel razonable de certidumbre.
Mientras tanto, la operadora continuará ejecutando su plan de negocio en España, centrado en ganar cuota de mercado, reforzar su red propia y consolidar su posición como uno de los principales actores del sector. La eventual salida a Bolsa se mantiene como una palanca adicional, pero no como una condición imprescindible para continuar su crecimiento en el corto plazo.
El movimiento de Digi ilustra cómo la inestabilidad internacional y la sensibilidad de los mercados pueden alterar los planes bursátiles incluso de compañías con proyectos sólidos y demanda inversora. Aunque la operación se retrasa, el interés mostrado por los inversores y la solidez del negocio en España colocan a la filial en una posición de partida favorable para volver a intentarlo cuando el escenario resulte más propicio.
