- El eclipse alcanzó su punto máximo a las 06:13 (hora peninsular española).
- El 96,3% de la superficie lunar quedó dentro de la umbra, según la NASA.
- Fue visible en España, aunque en horas de madrugada y con la Luna baja.
- No requirió protección ocular y dejó un fino borde iluminado.
La madrugada del viernes 28 de agosto dejó un regalo para los madrugadores: un eclipse lunar parcial muy profundo que tiñó de rojo casi todo el disco de la Luna. Sin embargo, y a pesar de su espectacularidad, el fenómeno pasó bastante desapercibido para el gran público, eclipsado por el recuerdo del eclipse solar total que había tenido lugar apenas dos semanas antes.
En España, el máximo se produjo a las 06:13, con la Luna ya baja sobre el horizonte oeste y a punto de ponerse. Aun así, quien madrugó pudo ver cómo la sombra de la Tierra iba cubriendo el satélite hasta dejar solo un fino filo brillante en su borde norte.
Un eclipse parcial, pero muy profundo
No fue un eclipse total, pero estuvo a punto. Según los cálculos de la NASA, el 96,3% de la superficie lunar quedó dentro de la umbra, la parte central de la sombra terrestre. La magnitud umbral, que mide el diámetro cubierto, alcanzó 0,9319, lo que significa que más del 93% del diámetro lunar se sumergió en la sombra. Solo una estrecha franja del limbo norte permaneció iluminada, creando un contraste muy llamativo.
Esta cifra ha dado lugar a cierta confusión, porque algunos medios hablaban del 93% y otros del 96%. La explicación está en que la magnitud mide el diámetro y la obscuración mide la superficie, y ambas son correctas. El astrónomo Bob King, de Sky & Telescope, lo explicaba con claridad: la geometría del disco hace que la porción de superficie que se salva sea menor que la de diámetro.
Horarios y visibilidad en España
El eclipse comenzó a las 03:23 (hora peninsular) con la entrada en la penumbra, aunque ese primer contacto es casi imperceptible. La fase parcial arrancó a las 04:33, y el máximo llegó a las 06:13. La fase parcial terminó a las 07:52, y el eclipse penumbral finalizó a las 09:02, ya con el Sol saliendo.
Para los observadores españoles, la Luna estaba muy baja en el horizonte oeste durante las fases finales, lo que dificultó su observación. En ciudades como Madrid, la salida de la Luna se produjo a las 21:11 del día anterior, y la puesta más cercana fue a las 07:29 del 28, justo después del máximo. En Barcelona y Sevilla las condiciones fueron similares.
Qué se pudo ver y cómo observarlo
A diferencia de un eclipse solar, no se necesita ninguna protección ocular para mirar un eclipse lunar. La Luna solo refleja luz, así que se puede contemplar a simple vista o con prismáticos. En el momento del máximo, el disco lunar adquirió un tono cobrizo, y algunos observadores con experiencia notaron una banda turquesa muy sutil en el borde, producida por la luz solar filtrada por la capa de ozono.
El eclipse perteneció a la serie Saros 138, la misma que trajo un eclipse similar en 2008 y que volverá a repetirse en 2044. Para América, fue el eclipse parcial más profundo hasta el total del 26 de junio de 2029, según Sky & Telescope.
Un fenómeno que pasó casi desapercibido
A pesar de su profundidad, el eclipse no generó el mismo revuelo que el eclipse solar del 12 de agosto. Quizás porque ocurrió de madrugada y en pleno verano, o porque la atención mediática se centró en el evento solar. En España, apenas tuvo repercusión, y muchos ni siquiera se enteraron de que la Luna se teñiría de rojo.
La próxima cita con un eclipse lunar será el 17 de agosto de 2027, pero en esa ocasión será penumbral, mucho más sutil y difícil de apreciar. Para ver un eclipse parcial o total de nuevo habrá que esperar.
En definitiva, la madrugada del 28 de agosto ofreció un espectáculo astronómico notable, aunque muchos lo durmieran. La Luna se cubrió casi por completo de sombra, dejando un fino anillo de luz que recordó que la Tierra, el Sol y nuestro satélite siguen bailando al mismo compás. Quien madrugó, disfrutó; quien no, tendrá otra oportunidad en el futuro.
