- El mundo conmemora el 25 aniversario de los atentados del 11-S con actos en Nueva York, Washington y Pensilvania.
- Los líderes europeos y la OTAN reafirman su vínculo transatlántico y recuerdan la unidad mostrada tras los ataques.
- La inteligencia occidental ha evolucionado, pero persisten fallos y nuevas amenazas como el auge de China.
- La salud de los afectados sigue siendo un tema abierto con miles de enfermos y documentos desclasificados.

El 11 de septiembre de 2001, el mundo se detuvo ante una cadena de atentados sin precedentes. Cuatro aviones secuestrados se convirtieron en armas y golpearon el corazón de Estados Unidos. Veinticinco años después, la fecha sigue siendo un símbolo de dolor, pero también de reflexión sobre cómo cambió la política global, la seguridad y la propia sociedad occidental.
A lo largo de este cuarto de siglo, el discurso público ha oscilado entre la certeza de que todo cambió para siempre y la perspectiva de que, quizás, no fue el punto de inflexión definitivo. Las conmemoraciones de este año, celebradas en un ambiente de polarización y con nuevas guerras en curso, ofrecen una mirada compleja sobre un legado que aún no se ha cerrado.
Una conmemoración marcada por el recuerdo y la ausencia
Nueva York guardó un silencio sepulcral a las 8:46 de la mañana, la hora exacta en que el primer avión impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. Los familiares de las víctimas leyeron los nombres de los 2.977 fallecidos, en una ceremonia que incluyó seis minutos de silencio por cada uno de los ataques. Este año se añadió un séptimo minuto en memoria de los bomberos, policías y voluntarios que han muerto en los últimos años por enfermedades derivadas de la exposición al polvo tóxico.

La ceremonia estuvo marcada por la ausencia del presidente estadounidense, Donald Trump, quien prefirió asistir al acto del Pentágono en Washington. En su discurso, Trump vinculó los atentados con la actual guerra contra Irán, asegurando que Estados Unidos lucha para evitar que el régimen iraní obtenga armas nucleares. Algunas familias criticaron con dureza el uso político de la efeméride, mientras otras reclamaron al Gobierno que desclasifique archivos sobre el papel de Arabia Saudí.
El testimonio de Terry Strada, viuda de una víctima, se saltó el guion para pedir justicia contra el reino saudí. “Dígales a los saudíes que dejen de mentir”, exclamó Strada, aplaudida por el público. La demanda colectiva contra Riad sigue sin resolverse, pero la controversia ha vuelto a primer plano.
Europa se une al homenaje
Los líderes europeos enviaron mensajes de solidaridad y reafirmaron su compromiso con la alianza transatlántica. El presidente francés, Emmanuel Macron, escribió en redes sociales que Francia no olvida ni las vidas segadas ni el coraje de quienes arriesgaron todo para ayudar. El canciller alemán, Friedrich Merz, subrayó que los ataques también fueron un ataque al modo de vida europeo.

La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, recordó que la OTAN invocó el Artículo 5 por primera y única vez, y que cientos de miles de soldados europeos sirvieron junto a los estadounidenses en Afganistán. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, coincidieron en que la luz triunfa incluso en los días más oscuros. Estos mensajes llegan en un momento de tensiones en la relación transatlántica, marcada por las críticas de Trump a Europa.
La inteligencia, 25 años de evolución
El 11-S fue también un fracaso colosal de los servicios de inteligencia. El informe de la Comisión Nacional señaló fallos de imaginación, política, capacidades y gestión. La CIA y el FBI no compartieron información clave que podría haber evitado la tragedia. Desde entonces, el intercambio de datos entre agencias occidentales ha mejorado enormemente, con la creación de centros de fusión y el refuerzo de alianzas como los Cinco Ojos.
Sin embargo, los errores persistieron, como la invasión de Irak basada en información defectuosa. El general Richard Shirreff admite que las lecciones no se aprendieron del todo. Hoy, la amenaza ya no es solo el terrorismo yihadista, sino el auge de potencias como China y Rusia, que han erosionado la ventaja militar de Occidente. La inteligencia artificial y la computación cuántica plantean nuevos desafíos, como destaca un análisis de la BBC.
La huella invisible del 11-S en la salud
Más de 60.000 personas tienen certificadas enfermedades respiratorias o digestivas por el polvo tóxico del derrumbe, y 52.000 sufren cáncer. La Oficina del Médico Forense de Nueva York aún intenta identificar a 1.099 víctimas. El Ayuntamiento ha publicado más de 170.000 páginas de documentos que revelan que las autoridades minimizaron los riesgos. El alcalde actual, Zohran Mamdani, ha acusado a los líderes de entonces de mentir a los ciudadanos.
William Rodríguez, trabajador de mantenimiento, sobrevivió a la evacuación pero necesita ayuda psicológica. “Hoy por hoy, si me hubiesen dado la ayuda cuando la pedí, estaría mejor”, lamenta. Este año se añadió un minuto de silencio en honor a quienes murieron por enfermedades relacionadas, un gesto que visibiliza una herida aún abierta.
La ciudad se ha reconstruido, el Lower Manhattan ha triplicado su población, y por primera vez hay un alcalde musulmán e inmigrante. Pero casi el 40% de los estadounidenses nació después de los atentados o no los recuerda. Los museos y memoriales intentan preservar la memoria, mientras un 45% de la población cree que el país es menos seguro que antes del 11-S, según una encuesta de Emerson College.
Las teorías conspirativas siguen presentes: un cuarto de los ciudadanos cree que el Gobierno estuvo implicado. La polarización política ha sustituido a la unidad de entonces, y el orgullo nacional ha caído a mínimos. Historiadores como Richard Haass cuestionan si el 11-S fue realmente un punto de inflexión, señalando que otros fenómenos como la crisis de 2008, la pandemia o el auge de China han sido más transformadores.
Al final, el recuerdo de aquel martes permanece vivo, pero su significado se ha vuelto más complejo. La conmemoración de 2026 no solo recuerda a las víctimas, sino que también interroga a las sociedades occidentales sobre su presente y su futuro. La unidad de aquellos días dio paso a un mundo más fragmentado, pero la lección de que la seguridad nunca es un logro definitivo sigue vigente.
