- La llegada de partículas en suspensión limita la formación de nubes y reduce drásticamente las lluvias.
- Se espera un incremento notable de las temperaturas y de la sensación térmica en las zonas afectadas.
- Los vientos alisios son los responsables de transportar esta masa de aire seco desde el continente africano.
- Se recomienda precaución a personas con problemas respiratorios debido a la bajada en la calidad del aire.

A estas alturas del año, no es raro que miremos al cielo y nos encontremos con una estampa algo turbia. Este fenómeno, que conocemos bien en nuestras latitudes, se debe a la llegada de inmensas masas de aire seco cargadas de partículas microscópicas de arena. Aunque parezca algo lejano, lo cierto es que estas lenguas de polvo se desplazan con facilidad gracias a las corrientes atmosféricas, dejando a su paso un ambiente mucho más bochornoso y una visibilidad reducida que suele pillar a más de uno por sorpresa.
Lo que estamos viendo estos días es un recordatorio de cómo la atmósfera conecta continentes. Estas partículas, que se levantan en el corazón del desierto, viajan miles de kilómetros por el Atlántico afectando tanto a las islas como a las zonas costeras. El resultado inmediato suele ser un cambio cromático en el horizonte, donde el azul intenso deja paso a tonos blanquecinos y atardeceres con colores rojizos muy característicos, provocados por la dispersión de la luz solar al chocar con el particulado en suspensión.
El mecanismo de transporte y la ausencia de precipitaciones
La clave de este viaje transatlántico reside en los vientos alisios. Estas corrientes son las encargadas de empujar el aire sahariano hacia el oeste, creando una capa de estabilidad que actúa como una auténtica tapadera para las nubes. Al ser un aire tan seco y cálido, inhibe la formación de tormentas y nubosidad de gran desarrollo, lo que se traduce en una tregua forzosa de las lluvias en las regiones donde la calima se asienta con mayor fuerza.
Esta estabilidad atmosférica no solo despeja el cielo de nubes de lluvia, sino que también atrapa el calor cerca de la superficie. Al no haber humedad suficiente para refrescar el ambiente y con el sol incidiendo sobre esta capa de polvo, la sensación térmica tiende a dispararse por encima de lo que marcan los termómetros oficiales. Es ese calor pegajoso que tanto nos cuesta soportar, especialmente en las horas centrales del día cuando el sol aprieta con más ganas.
Impacto en el bienestar y recomendaciones básicas
Más allá de lo meteorológico, este fenómeno tiene una incidencia directa en nuestro día a día, sobre todo para quienes tienen los pulmones un poco más delicados. La calidad del aire empeora sensiblemente cuando la concentración de estas partículas es moderada, por lo que no es mala idea evitar el deporte intenso al aire libre si notamos que el ambiente está especialmente cargado o si el cielo presenta ese aspecto grisáceo tan típico de la calima severa.
Para sobrellevar estas jornadas de aire seco y temperaturas al alza, lo más sensato es tirar de los consejos de toda la vida que nunca fallan. Mantenerse bien hidratado, buscar la sombra y utilizar ropa que transpire bien son medidas fundamentales para que el bochorno no nos pase factura. Además, es conveniente proteger a los grupos más vulnerables, como ancianos o niños, ya que son los que más sufren con estos picos de calor seco asociados a la llegada del polvo africano.
La presencia de este particulado en la atmósfera es un proceso cíclico que suele fluctuar a lo largo de las semanas, alternando días de gran opacidad con otros de cielos más limpios. Aunque su intensidad sea variable, su capacidad para frenar la actividad ciclónica y elevar las temperaturas lo convierte en un factor determinante del clima estival. Estar atentos a la evolución de estas masas de aire nos permite anticiparnos a las rachas de calor sofocante y entender mejor por qué, a veces, el verano se vuelve mucho más gris y pesado de lo habitual en nuestras costas.


