- Oficemen prevé un consumo de 17 millones de toneladas de cemento en 2026, un 2% más que el año anterior.
- La patronal rebaja su estimación inicial por la ralentización de los visados de vivienda y la incertidumbre política.
- Las exportaciones caen un 55% desde 2016 mientras las importaciones se disparan un 2.800%, con riesgo de fuga de carbono.
- El sector reclama una estrategia nacional para la captura de CO₂ y una reducción del coste eléctrico para ser competitivo.
La Agrupación de Fabricantes de Cemento de España (Oficemen) ha presentado sus previsiones actualizadas para el cierre de 2026, y el dato principal es que el consumo de cemento alcanzará los 17 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 2% respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, la patronal ha rebajado en un punto porcentual la estimación que manejaba a principios de año, debido a la ralentización en los visados de vivienda y a la incertidumbre política y geopolítica que afecta al país.
En una rueda de prensa celebrada en su sede, el presidente de Oficemen, Ricardo de Pablos, y la nueva directora general, Elena Guede, explicaron que el escenario central para 2026 contempla alrededor de 150.000 viviendas visadas, 5,6 millones de metros cuadrados de edificación no residencial y una inversión en infraestructuras próxima a los 13.000 millones de euros. Aunque estos datos permiten sostener el crecimiento, desde la patronal insisten en que no garantizan una recuperación completa del sector.
Un primer semestre positivo, pero con altibajos
Durante los cinco primeros meses de 2026, el consumo de cemento creció un 7,1% y alcanzó los 6,78 millones de toneladas. No obstante, la evolución fue irregular: tras la estabilidad de enero y febrero, marzo y abril registraron incrementos de dos dígitos, favorecidos por la recuperación de la actividad que las lluvias habían retrasado al inicio del año. En mayo, el consumo volvió a descender ligeramente, un 0,3%. En términos de año móvil —de junio de 2025 a mayo de 2026—, el consumo mantiene un crecimiento del 12,4%, aunque Oficemen prevé que este ritmo se modere durante el segundo semestre, cuando la comparación se realice con los elevados niveles de consumo registrados a partir del verano de 2025.
El sector cerró 2025 por encima de los 16,5 millones de toneladas, con un crecimiento del 11,3% respecto a 2024. Pero De Pablos advierte de que el consumo actual es prácticamente idéntico al de 1985 y muy inferior a la media histórica de la serie, que desde 1960 hasta 2025 ronda los 22 millones de toneladas anuales. La media de la última década se sitúa en 13,7 millones de toneladas, lo que refleja la profunda crisis que ha atravesado el sector.
Vivienda e infraestructuras: los dos grandes motores
La vivienda vuelve a ser una variable clave para el cemento. Según datos de Oficemen, el 56% del consumo se vincula a la edificación, con un peso mayoritario de la vivienda; la edificación no residencial representa alrededor del 13%, mientras que la rehabilitación se sitúa cerca del 10%. El 44% restante corresponde a obra civil, con especial crecimiento de las carreteras. La patronal sostiene que el consumo previsto para 2026 no alcanza el nivel que debería tener un país con 49 millones de habitantes, una población en crecimiento y cerca de 100 millones de turistas al año. Oficemen vincula esta necesidad al déficit de vivienda, que sitúa en 750.000 unidades, y a la demanda estructural de infraestructuras.
El diagnóstico del sector es que los visados de vivienda han evolucionado de forma positiva, pero con señales recientes de ralentización. La edificación residencial crece, mientras que la no residencial no muestra el mismo dinamismo. En paralelo, la licitación pública ofrece una lectura más favorable, aunque con una salvedad: entre la licitación y la ejecución real de la obra transcurren meses, por lo que su efecto sobre el consumo de cemento no es inmediato.
La competitividad, el gran problema de fondo
Desde Oficemen advierten de que los datos de crecimiento no deben ocultar el deterioro competitivo del sector. Las exportaciones de cemento y clínker se han reducido a menos de la mitad en la última década: pasaron de casi 10 millones de toneladas en 2016 a 4,5 millones en 2025. Además, el descenso continúa en 2026, con caídas de dos dígitos en todos los indicadores analizados por la patronal durante los cinco primeros meses del año. El sector considera que esta pérdida de peso exterior no es coyuntural, sino estructural. España ha perdido liderazgo exportador en Europa y mercados como Estados Unidos han reducido su importancia como destino.
A juicio de Ricardo de Pablos, el principal lastre es el coste eléctrico, que representa más del 30% de los gastos operativos de las fábricas. La patronal calcula que la industria cementera soporta un sobrecoste eléctrico de 90 millones de euros anuales respecto a sus competidores. Por ello, reclama medidas estructurales para reducir la factura eléctrica entre un 10% y un 30%, entre ellas la eliminación del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica (IVPEE), aprobada la pasada semana por el Consejo de Ministros dentro del real decreto-ley anticrisis, la extensión de la bonificación del impuesto eléctrico a toda la industria y la consolidación de una rebaja de peajes.
Importaciones disparadas y riesgo de fuga de carbono
Mientras las exportaciones caen, las importaciones de cemento y clínker crecen con fuerza. De Pablos señala que España es el país europeo donde más han aumentado durante la última década. Entre 2016 y 2025, las importaciones se multiplicaron por más de 29, con un incremento del 2.822%. Solo en 2025 crecieron cerca de un 60%, hasta superar los 2,35 millones de toneladas. La preocupación del sector se centra en el origen de estas compras: alrededor del 70% de las importaciones procede de países extracomunitarios, no sujetos a una agenda de descarbonización equivalente a la europea. En 2025, estos países concentraron el 90% del total, con un peso especialmente relevante del clínker. Para la patronal, esta dinámica plantea un riesgo real de fuga de carbono.
En este punto, la patronal defiende una aplicación rigurosa del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), en vigor desde el 1 de enero de 2026. La Comisión Europea define este instrumento como la herramienta de la UE para poner un precio justo al carbono emitido durante la producción de bienes intensivos en carbono que entran en el mercado europeo, entre ellos el cemento. Oficemen reclama un CBAM riguroso, verificable y orientado a evitar elusión y fraude para evitar la fuga de carbono y las distorsiones del mercado.
Descarbonización: una estrategia de país para capturar CO₂
La segunda gran demanda del sector tiene que ver con la descarbonización. Desde Oficemen reclaman una estrategia nacional para el desarrollo de tecnologías CAUC —captura, almacenamiento, uso y transporte de CO₂—, al considerar que serán imprescindibles para alcanzar la neutralidad climática en una industria donde parte de las emisiones no puede eliminarse únicamente mediante electrificación u otras tecnologías disponibles. La última actualización de la hoja de ruta del sector, validada por AENOR, fija como objetivo reducir las emisiones un 42% por tonelada de cemento en 2030 y un 83% en 2040, antes de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Para lograrlo, desde Oficemen consideran necesarias inversiones sin precedentes a lo largo de toda la cadena de valor.
Elena Guede ha subrayado que la industria cementera afronta una transformación sin precedentes y que necesita combinar innovación, regulación estable e inversiones a largo plazo. La directora general ha recordado que el sector lleva más de una década trabajando en hojas de ruta de descarbonización, pero ha advertido de que España todavía carece de una estrategia nacional específica para tecnologías de captura de carbono, lo que reduce la certidumbre inversora y sitúa al sector en desventaja frente a otros países europeos.
Residuos, innovación e inteligencia artificial
La descarbonización no pasa solo por capturar CO₂. Desde Oficemen también apuntan a la economía circular, el uso de combustibles alternativos, nuevos materiales, digitalización e inteligencia artificial. Según ha trasladado Guede, la normativa autonómica no es homogénea en materia de valorización de residuos, lo que dificulta que las fábricas puedan utilizar más residuos como combustible y reducir la dependencia de fuentes fósiles. El sector ya aplica inteligencia artificial a la optimización de hornos y molinos, al desarrollo de modelos predictivos para anticipar averías y a la formulación de nuevos cementos y hormigones.
Desde Oficemen también destacan proyectos de innovación vinculados a infraestructuras inteligentes, como eConpave, orientado al mantenimiento de pavimentos de hormigón en aeropuertos, o PowerConcrete, que investiga un pavimento urbano capaz de almacenar energía eléctrica procedente de fuentes renovables. La innovación, según De Pablos, ya no se limita a mejorar procesos de fabricación. Se extiende al desarrollo de nuevos productos, economía circular, digitalización, inteligencia artificial e infraestructuras inteligentes. En un contexto de déficit de vivienda, desde Oficemen defienden que los materiales con base cemento pueden contribuir a acortar tiempos de ejecución y a favorecer un parque edificatorio más sostenible y eficiente.
El sector cementero emplea, según los datos trasladados por Oficemen, a 34.000 personas, con un 92% de contratación indefinida, y está presente en municipios de toda España, muchos de ellos de menos de 12.000 habitantes. La patronal reivindica así su papel industrial, territorial y estratégico. Entre los factores que pueden alterar las previsiones para 2026, De Pablos ha señalado las tensiones geopolíticas, la evolución de los costes energéticos, la incertidumbre regulatoria, la mano de obra disponible, el transporte y el absentismo laboral, que la patronal identifica como un problema creciente para la competitividad empresarial.
El consumo de cemento mejora, pero España sigue lejos del nivel que Oficemen considera necesario para responder al reto de la vivienda y las infraestructuras. Al mismo tiempo, el sector reclama condiciones competitivas, energía más asequible, una aplicación eficaz del CBAM y una estrategia de país para la captura de CO₂. Sin estas medidas, la industria cementera española corre el riesgo de perder aún más peso en el mercado europeo y de no poder afrontar los desafíos de la descarbonización y el déficit de vivienda.