- España supera los 22,3 millones de cotizantes, estableciendo un nuevo máximo histórico en la Seguridad Social.
- El desempleo desciende hasta los 2,32 millones de personas, la cifra más baja registrada en un mes de mayo desde 2007.
- Sectores como la hostelería y la construcción lideran la creación de puestos de trabajo ante la inminente llegada del verano.
- Expertos y sindicatos ponen el foco en la calidad del empleo, señalando un aumento en la contratación a tiempo parcial.
El mercado de trabajo en España ha dado un estirón considerable durante el pasado mes de mayo, dejando unas cifras que, sobre el papel, invitan a sacar pecho. Con la mirada puesta en las vacaciones de verano, las empresas han acelerado las contrataciones, permitiendo que el número de personas con un empleo en vigor alcance niveles nunca vistos hasta la fecha en la serie histórica. Este empujón ha sido especialmente visible en las zonas más turísticas, donde el buen tiempo ha servido de catalizador para que el sector servicios se ponga las pilas y empiece a demandar mano de obra de forma masiva.
Sin embargo, aunque las campanas de victoria suenan con fuerza en los despachos oficiales, no todo el monte es orégano y conviene mirar la letra pequeña de estos registros. Si bien es cierto que el paro ha bajado de forma sostenida, los expertos advierten de que este movimiento tiene un fuerte componente estacional y que el ritmo de creación de puestos de trabajo muestra ciertos síntomas de fatiga si se compara con los arranques de temporada de años anteriores. Esta mezcla de récords absolutos y enfriamiento relativo dibuja un panorama laboral complejo donde conviven la euforia por los grandes números con la cautela por la estabilidad de los mismos.
Récords históricos en la afiliación a la Seguridad Social
La noticia más destacada es que la Seguridad Social ha logrado romper todas sus marcas anteriores al registrar una media de 22,3 millones de afiliados durante el mes de mayo. Este hito supone que hay más personas trabajando que nunca en España, con incrementos significativos tanto en el colectivo de mujeres como en el de trabajadores autónomos y extranjeros. De hecho, los ciudadanos de otros países ya representan una parte muy jugosa del motor laboral nacional, suponiendo casi el 15% del total de las personas que cotizan en nuestro sistema.
Este acelerón no se ha limitado a un solo sector, aunque algunos han tirado del carro con más fuerza que otros. La hostelería, como suele ser habitual cuando se acerca el calor, ha sumado miles de nuevos contratos, pero ha sido la fortaleza de la construcción y el comercio lo que ha dado ese extra necesario para alcanzar el máximo histórico. En términos desestacionalizados, la tendencia sigue siendo positiva, encadenando ya más de cinco años de subidas ininterrumpidas, lo que sugiere que, más allá del efecto verano, existe una base sólida de crecimiento en el tejido productivo español.
Si bajamos al detalle regional, vemos que la situación es un reflejo de lo que ocurre a nivel nacional, aunque con matices interesantes. En provincias como A Coruña, se ha generado más de la mitad del empleo de toda su comunidad autónoma, mientras que en otros lugares como Sevilla o Granada, aunque los datos son positivos, se respira una cierta ralentización del dinamismo laboral. En el sur, por ejemplo, los cambios en el calendario de eventos locales han provocado que algunos sectores como la hostelería no hayan brillado tanto como en ejercicios previos, dejando el protagonismo a la agricultura y la industria manufacturera.
La calidad del empleo y la sombra de la precariedad
A pesar de que el número total de desempleados se ha situado en los 2,32 millones, la cifra más baja en casi dos décadas, los sindicatos han puesto el grito en el cielo por lo que consideran una progresiva precarización del mercado. El foco de las críticas se centra en que, aunque se firman muchos contratos, una parte muy importante de los mismos son a jornada parcial o bajo la modalidad de fijos-discontinuos. Esto significa que, aunque las personas no figuren en las listas del paro, sus condiciones de vida y su estabilidad económica siguen pendiendo de un hilo en muchos casos.
La diferencia entre la contratación indefinida a tiempo completo y la de tiempo parcial se ha hecho más evidente este mes. Mientras que los contratos para trabajar el día entero crecen de forma moderada, aquellos que solo cubren unas pocas horas se han disparado notablemente. Esta situación es especialmente palpable entre los menores de 25 años, quienes suelen ser los primeros en ser llamados para cubrir las vacantes estacionales pero que, a menudo, se encuentran con empleos que no cumplen con sus expectativas de futuro ni les permiten una emancipación real.
Desde diversos sectores sociales se reclama que el debate no se quede solo en el «cuántos» trabajan, sino en el «cómo» lo hacen. Se advierte de que el aumento de los márgenes empresariales debería traducirse en mejoras salariales más contundentes que permitan recuperar el poder adquisitivo perdido en los últimos tiempos. La preocupación por el paro de larga duración sigue ahí, recordándonos que existe un grupo de trabajadores que, a pesar de los buenos vientos económicos, tiene serias dificultades para volver a engancharse a la rueda del empleo debido a problemas estructurales de inserción.
Comparativa europea y retos de futuro
Si miramos hacia fuera, España sigue ocupando un lugar destacado en la creación de empleo dentro de la Unión Europea, aunque todavía tiene el dudoso honor de liderar las tasas de desempleo del continente. Esta dicotomía entre crear mucho empleo pero seguir teniendo muchos parados es una de las grandes asignaturas pendientes de nuestra economía. La comparación con nuestros vecinos europeos muestra que, aunque estamos en el buen camino en términos de volumen, todavía nos queda un trecho por recorrer para alcanzar los niveles de estabilidad y baja desocupación de las potencias del norte.
De cara a los próximos meses, la incertidumbre internacional y el encarecimiento de algunos costes energéticos podrían poner a prueba la resistencia del mercado laboral español. Por ahora, las cifras de trabajadores en situación de regulación temporal han seguido bajando, lo que indica que las empresas confían en la marcha de sus negocios a corto plazo. No obstante, las voces que piden una mayor flexibilización y menos trabas administrativas son constantes, sugiriendo que para mantener este ritmo de crucero será necesario seguir adaptando las normas a la realidad cambiante de la economía global.
La radiografía laboral de mayo nos muestra un país que trabaja a pleno rendimiento, con cifras que rozan el pleno empleo en algunos sectores técnicos pero que sufre con la estacionalidad en otros más tradicionales. El descenso del paro femenino y el mínimo histórico en el desempleo juvenil son brotes verdes que no deben ignorarse, pero que deben ir acompañados de una mejora real en las condiciones de vida de los trabajadores. En definitiva, cerramos un mes de récords numéricos que nos deja la tarea pendiente de convertir esa cantidad en una calidad que sea capaz de aguantar el tirón cuando las luces del verano se apaguen.



