El polvo del Sahara aumenta en Europa: un 25% más en una década

Última actualización: julio 20, 2026
  • Un estudio publicado en 'Nature' revela que la concentración de polvo sahariano en el sur de Europa ha aumentado entre un 10% y un 25% en la última década.
  • Las causas principales son la desertificación del norte de África y la alteración de los patrones atmosféricos, impulsadas por el cambio climático.
  • El polvo afecta gravemente a la salud, incrementando la mortalidad por infartos y enfermedades respiratorias, y reduce la eficiencia de las plantas solares.
  • España es uno de los países más expuestos, con episodios de calima que afectan hasta el 40% de los días en Canarias y el 35% en el sur peninsular.

Polvo del Sahara

La presencia de polvo procedente del desierto del Sahara en la atmósfera europea no deja de crecer. Un estudio publicado en la revista ‘Nature’ ha confirmado que las concentraciones de estas partículas han aumentado entre un 10% y un 25% en la última década, especialmente en los países del sur del continente. La investigación, liderada por el Instituto Paul Scherrer (Suiza) en colaboración con el IDAEA-CSIC y otras instituciones europeas, ha analizado datos de más de cien estaciones de medición durante diez años, combinados con inteligencia artificial y núcleos de hielo de los Alpes.

Los resultados son contundentes: en el sur de Europa la concentración media de polvo desértico es de 5,3 microgramos por metro cúbico, más del doble que en el centro y norte del continente, donde se registran 2,1 microgramos. Desde la era preindustrial, la cantidad de polvo se ha disparado un 110%, según los datos extraídos del glaciar Colle Gnifetti. Este incremento no solo afecta a la calidad del aire, sino que tiene consecuencias directas sobre la salud y la producción de energía solar.

Polvo del Sahara
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Las causas: el cambio climático y la desertificación

Polvo del Sahara

Los investigadores apuntan a dos factores principales detrás de este fenómeno. Por un lado, la creciente aridez en el norte de África está provocando que el suelo del Sahara se seque aún más, liberando mayor cantidad de partículas. Por otro, la alteración de los patrones de circulación atmosférica, vinculada al calentamiento global, está haciendo que los vientos que antes llevaban el polvo hacia el Caribe ahora lo dirijan con más fuerza hacia Europa. “El aumento del polvo del desierto se ve facilitado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero”, explica Kaspar Dällenbach, autor principal del estudio. “Esto provoca condiciones más secas y la expansión de los desiertos”.

España es uno de los países que más sufre esta tendencia. En Canarias, el polvo sahariano está presente hasta el 40% de los días del año, mientras que en el sur de la península la cifra alcanza el 35% y en el noreste ronda el 25-30%. En episodios extremos, como los registrados en Almería, se han llegado a medir más de 3.000 microgramos por metro cúbico, muy por encima del límite diario recomendado de 50 microgramos por la Organización Mundial de la Salud.

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Impacto en la salud: más muertes y enfermedades respiratorias

Polvo del Sahara

Aunque el polvo del desierto es un contaminante natural, su efecto sobre la salud está bien documentado. Durante los días con altas concentraciones de calima se registra un aumento significativo de la mortalidad, especialmente por infartos y problemas respiratorios. Un estudio previo del IDAEA-CSIC ya advertía de este vínculo en 2008, y los nuevos datos confirman que el riesgo se agrava con la mayor frecuencia de estos episodios. Para comprender mejor la calima y polvo del Sahara en España y sus efectos en la salud, es crucial analizar la exposición prolongada que puede desencadenar enfermedades como asma, bronquitis crónica o neumoconiosis.

Los colectivos más vulnerables, como niños, ancianos y personas con patologías previas, son los que más sufren las consecuencias. Las hospitalizaciones diarias por causas respiratorias aumentan un 2,47% en la población infantil durante los días de calima intensa, según los datos del estudio. Por eso, los expertos insisten en la necesidad de establecer sistemas de alerta temprana que permitan a la población tomar medidas preventivas, como reducir la actividad al aire libre, cerrar ventanas y usar mascarillas.

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El polvo también afecta a la energía solar

Polvo del Sahara

Otro de los sectores que se ve perjudicado por el aumento del polvo sahariano es el de las energías renovables. Las partículas se depositan sobre los paneles solares y reducen su eficiencia, lo que se traduce en pérdidas económicas para las plantas fotovoltaicas. Además, el polvo en suspensión sombrea la radiación solar, disminuyendo aún más la producción eléctrica. Los investigadores señalan que, si las compañías eléctricas pudieran anticipar estos episodios, podrían compensar la caída aumentando la generación en otras centrales y garantizar la estabilidad de la red.

Este impacto es especialmente relevante en el sur de Europa, donde la energía solar está en plena expansión. La rentabilidad de las grandes instalaciones solares se ve comprometida por la creciente presencia de polvo, un factor que hasta ahora no se había tenido en cuenta en los planes de transición energética. Los autores del estudio recomiendan integrar las previsiones de calima en la gestión de la red eléctrica para minimizar las pérdidas.

Sistemas de alerta y recomendaciones

Polvo del Sahara

Ante la imposibilidad de reducir directamente las emisiones de polvo del desierto, la comunidad científica apuesta por la prevención. España ya cuenta con un sistema de alerta temprana operado por el IDAEA-CSIC y el CIEMAT desde 2001, que envía predicciones con 24 horas de antelación a más de 250 direcciones, incluyendo hospitales, redes de calidad del aire y sociedades de alergología. Este sistema permite a los colectivos más vulnerables tomar medidas antes de que llegue la calima.

Los investigadores proponen extender este modelo a toda Europa, creando una red de alertas similar a la que ya existe para la contaminación urbana. Durante los episodios de polvo intenso, se recomienda reducir las emisiones locales, como restringir el tráfico o parar obras de construcción, para no agravar la situación. Además, la población debe estar informada a través de aplicaciones meteorológicas y medios de comunicación para protegerse adecuadamente.

Polvo del Sahara

El estudio deja claro que el polvo del Sahara no es un fenómeno pasajero, sino una consecuencia directa del cambio climático que seguirá intensificándose. La única solución a largo plazo pasa por frenar el calentamiento global y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero mientras tanto, Europa tendrá que aprender a convivir con un aire cada vez más cargado de partículas. La combinación de alertas tempranas, medidas de protección y adaptación de infraestructuras será clave para minimizar los daños en la salud y la economía.