- El ciclista balear se impone en la clasificación general de la ronda española.
- Acaba con una sequía de 12 años para el ciclismo nacional.
- Sus resultados deportivos han generado alrededor de 168.000 euros en premios oficiales.
- Supera lesiones y problemas mentales para lograr su primera gran vuelta.
La Alhambra se convirtió en el escenario de un alivio histórico. Enric Mas ha logrado por fin alzarse con el maillot rojo de La Vuelta, un título que se le resistía como una espina clavada desde hace años. El balear del Movistar no solo puso fin a un ayuno de 12 años para el ciclismo español, que no veía a un compatriota campeón desde que Alberto Contador lo hiciera en 2014, sino que lo hizo con una autoridad incontestable.
El de Artà llegó a la capital granadina con una renta más que considerable en la clasificación general y, aunque la última jornada fue un paseo triunfal, la gesta se fraguó durante toda la semana. Su dominio en la montaña y la sobriedad mostrada en las contrarrelojes le han permitido no solo cumplir el sueño deportivo, sino también engordar una cuenta corriente que ya supera los 168.000 euros en premios oficiales.
El día clave en Collado del Alguacil
La etapa 20 fue la prueba definitiva de que Mas había dado el paso al frente. Primoz Roglic intentó de mil maneras descolgarle, pero el español se mantuvo a su rueda como una sombra, controlándole cada amago. En el tramo final, las fuerzas del esloveno flaquearon y el líder, acompañado por un bloque sólido, decidió poner la guinda realizando un arreón en los últimos metros que dejaba al esloveno tocado y sin opciones para la última jornada. Ese día, Felix Gal, el tercero en discordia, intentó una locura que casi le sale bien, recortando hasta quedarse a 29 segundos de la segunda posición. Además, la emoción se desbordó en la llegada cuando Mikel Landa, con lágrimas en los ojos, se impuso en solitario, brindando una alegría extra a la afición que abarrotaba las cunetas de la subida final.
La etapa contrarreloj de Jerez también había sido un punto de inflexión. A pesar de que el suizo Stefan Küng se llevó la victoria parcial, Mas supo dosificar sus fuerzas y, perdiendo únicamente 33 segundos frente a un Roglic lanzado, fortaleció su posición de líder. Esa gestión inteligente de los esfuerzos es la que le ha permitido llegar a la contrarreloj y a las montañas andaluzas con una renta de más de un minuto y medio, algo que parecía impensable hace apenas un año.
Un botín de más de 168.000 euros
Cada pedalada ha tenido su recompensa económica. Según el último baremo oficial de premios disponible, el triunfo en la general está dotado con 150.000 euros, una cantidad que se suma a los 7.000 euros acumulados por portar el maillot rojo durante 14 jornadas, a razón de 500 por día. A ello hay que añadir los 11.000 euros por su victoria de etapa en el Alto de Aitana. La suma total alcanza los 168.000 euros, aunque el dato es provisional ya que el reglamento oficial definitivo de la edición 2026 aún no ha sido publicado y se espera que no sufra grandes variaciones.
Estas cifras, sin embargo, sirven para contextualizar la diferencia económica entre las tres grandes vueltas. El ganador del Tour de Francia se embolsa 500.000 euros, mientras que el del Giro de Italia se lleva 265.000. La diferencia en la bolsa global de premios también es notable: alrededor de 2,3 millones en el Tour, 1,64 millones en el Giro y 1,12 millones para La Vuelta. En cuanto a las victorias de etapa, las diferencias son mínimas, pagando prácticamente la misma cantidad el Tour y La Vuelta, 11.000 euros, frente a los 11.010 del Giro.

La generosidad del pelotón
La cifra de 168.000 euros no es dinero neto que vaya directo al banco de Enric Mas. En el ciclismo profesional existe una tradición inquebrantable que dicta que los líderes compartan estos ingresos con todos los que les han ayudado. El reparto de premios con los compañeros y el personal es algo habitual y depende de los acuerdos internos de cada equipo. Los gregarios son los que controlan las escapadas y protegen al jefe de filas, por lo que una buena parte del botín se distribuye entre todo el organigrama de la estructura. A todo esto hay que sumar las posibles primas contempladas en su contrato y los acuerdos con los patrocinadores, lo que dispara el impacto real de este triunfo sobre la economía del corredor.
De la fragilidad al liderazgo definitivo
La carrera de Enric Mas ha sido un auténtico viaje de obstáculos. Tras haber sido segundo en 2018, 2021 y 2022, y tercero en 2024, muchos le habían encasillado como el eterno perseguidor, aquel que nunca daba el paso definitivo. Sufrió una fractura de escápula en el Tour del 23, una tromboflebitis en la pierna el pasado octubre, y llegó a tener incluso miedo a bajar los puertos, un temor que logró superar con la ayuda de un psicólogo y un especialista en descensos. Esa fortaleza mental es la que ha forjado al campeón que este domingo abrazó a sus hijos, consciente de que ya nada ni nadie le arrebata el lugar que merece en la historia del ciclismo ibérico.
El éxito de Enric Mas en La Vuelta no es una casualidad. Detrás de la victoria en Granada hay una década de trabajo duro, lesiones superadas y una confianza renovada que le ha permitido brillar donde antes solo rozaba. Su nombre queda inscrito en el palmarés de una carrera que ha devuelto a España al mapa de los grandes ganadores, con un premio económico que supera los 168.000 euros y una reputación que ya es intocable.
