- Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo pasan a la fase final para la Capital Europea de la Cultura 2031
- Nueve ciudades españolas defendieron sus proyectos ante un comité de diez expertos independientes
- Las cuatro finalistas deberán reforzar sus programas culturales y su dimensión europea antes de la decisión definitiva
- La capital elegida compartirá título con una ciudad de Malta y desarrollará un intenso programa cultural durante todo el año

La carrera por albergar la Capital Europea de la Cultura 2031 en España ha entrado en una fase decisiva, con cuatro ciudades que han logrado superar el primer corte tras un proceso de selección intenso y muy competido. La decisión coloca en el centro del foco europeo la capacidad de la cultura para transformar el territorio, impulsar la economía local y reforzar los lazos con el resto del continente.
Después de varios días de defensas públicas, reuniones técnicas y análisis detallados de las candidaturas, un panel internacional de expertos ha determinado qué urbes españolas continúan adelante. El resultado reordena el mapa cultural a medio plazo y marca el inicio de una etapa en la que los proyectos deberán afinarse al máximo para convencer definitivamente a la Unión Europea.
Cuatro ciudades españolas se disputan la Capital Europea de la Cultura 2031
El comité de evaluación ha confirmado que Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo son las cuatro finalistas que seguirán compitiendo por convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031, año en el que el título corresponderá a España y a Malta. Estas ciudades han sido consideradas por los expertos como las que reúnen el mayor potencial para asumir la capitalidad, tanto por la solidez de sus programas como por su dimensión europea y su estrategia a largo plazo.
La decisión se ha hecho pública en una rueda de prensa celebrada en la sede del Ministerio de Cultura, en Madrid, en la que intervinieron Tanja Mlaker, presidenta del Comité de Expertos; Nikos Isaris, director adjunto de la Representación de la Comisión Europea en España; y Carmen Páez, subsecretaria del Ministerio de Cultura. Durante el acto, se fueron leyendo uno a uno los nombres de las ciudades finalistas, en un momento seguido con enorme expectación desde los propios ayuntamientos.
Las cuatro urbes elegidas habían competido en esta fase con otras cinco candidatas de ciudades con encanto de España: Burgos, Jerez de la Frontera, Palma, Potries (un pequeño municipio valenciano) y Toledo. Todas ellas presentaron sus proyectos ante el panel a lo largo de la semana, defendiendo sus propuestas mediante presentaciones orales y la entrega del llamado bid book, el dossier donde se detalla el programa cultural, la visión europea y el impacto previsto de la candidatura.
Según explicó Mlaker, la selección se ha basado en seis grandes criterios técnicos que incluyen, entre otros aspectos, la calidad del programa cultural, la dimensión europea del proyecto, la participación ciudadana, la sostenibilidad a largo plazo y la capacidad de gestión. El comité asegura haber realizado un análisis profundo tanto de los documentos escritos como de las exposiciones de cada ciudad antes de tomar su decisión.
Durante su intervención, la presidenta del panel subrayó que, para las nueve aspirantes, el proceso ha supuesto un auténtico “viaje” por sus ciudades y regiones, permitiendo conocer sus desafíos, sus aspiraciones y las conexiones ya existentes con otras urbes europeas. Aun cuando para algunas el camino se detiene aquí, insistió en que el trabajo realizado ha creado una base sólida para su desarrollo cultural futuro.
Cómo funciona el proceso de selección y quién decide
La Capital Europea de la Cultura es un título que la Unión Europea concede cada año a una o varias ciudades con el objetivo de poner en valor la diversidad cultural del continente, favorecer el diálogo entre territorios y estimular procesos de transformación social y económica a largo plazo. Se trata de una iniciativa en marcha desde 1985, de la que ya han formado parte más de 80 ciudades, incluidas Madrid, Santiago de Compostela, Salamanca y San Sebastián en el caso español.
El procedimiento para elegir la ciudad anfitriona se inicia seis años antes del año de la capitalidad. La designación oficial tiene lugar cuatro años antes, de manera que la urbe elegida disponga de tiempo suficiente para preparar su programación, cerrar alianzas internacionales y desarrollar infraestructuras y proyectos ligados al título.
En el caso de España para 2031, el encargado de evaluar las candidaturas ha sido un comité independiente de diez expertos, ocho propuestos por instituciones europeas y dos por el Ministerio de Cultura. Entre ellos figuran perfiles procedentes de distintos países y ámbitos, desde la gestión cultural al patrimonio, pasando por la planificación urbana o la cooperación internacional.
Este panel analiza, en primer lugar, las propuestas presentadas por las ciudades en una fase de preselección. Tras escuchar sus exposiciones públicas y revisar los bid books, emite un informe de valoración que se traslada al Ministerio de Cultura y a la Comisión Europea. A partir de ese documento, se decide qué urbes pasan al tramo final, como ha ocurrido ahora con Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo.
En esta edición, la representación de la Comisión Europea en España, a través de su dirección adjunta, ha querido remarcar que las capitales europeas de la cultura son proyectos emblemáticos para los Estados miembros, ya que permiten conocer de cerca las expresiones culturales de otras regiones y ofrecen una oportunidad única para reforzar el sentimiento de pertenencia común.
Próximos pasos: una fase final decisiva
Con el primer corte superado, comienza ahora una etapa clave para las cuatro ciudades finalistas. En los próximos meses, Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo deberán revisar y completar sus expedientes de candidatura, incorporando las recomendaciones que el comité recogerá en los informes que se publicarán en un plazo aproximado de un mes.
Las urbes tendrán que profundizar en sus estrategias culturales, detallar la programación prevista para el año 2031 y reforzar aquellos aspectos que los expertos consideren mejorables. El panel ha pedido a las finalistas que trabajen especialmente en la dimensión europea de sus propuestas, en la sostenibilidad de los proyectos más allá del año de la capitalidad y en la implicación real de la ciudadanía y del tejido cultural local.
Está previsto que antes de la decisión definitiva se produzcan visitas in situ de los expertos a las ciudades finalistas, con el fin de conocer de primera mano sus infraestructuras, sus espacios culturales, el grado de movilización social y el compromiso político con el proyecto. Estas misiones servirán para contrastar sobre el terreno lo ya expresado en los documentos y las presentaciones.
Tras esa nueva ronda de evaluación, el comité de expertos volverá a reunirse para determinar qué ciudad española se convierte finalmente en Capital Europea de la Cultura en 2031. El anuncio se hará público en una nueva comparecencia, en la que se dará a conocer también el razonamiento que justifique la elección y se pondrá el foco en las fortalezas del proyecto ganador.
La ciudad designada desarrollará durante todo el año de su capitalidad un amplio programa cultural con actividades que involucrarán a artistas locales y europeos, instituciones de todo tipo y redes de cooperación internacional. El objetivo no es solo atraer visitantes, sino utilizar la cultura como palanca de transformación urbana y social a medio y largo plazo.
El impacto para las ciudades: más allá del título
Convertirse en Capital Europea de la Cultura implica una proyección internacional sin precedentes, pero también una exigencia organizativa considerable. Las ciudades que logran el título acostumbran a renovar sus infraestructuras culturales, restaurar espacios patrimoniales, impulsar nuevos equipamientos y activar proyectos que, en muchos casos, continúan vivos una vez finalizado el año de la capitalidad.
Los responsables de la Comisión Europea destacan que, más allá de los grandes eventos, el proceso obliga a las urbes a definir una hoja de ruta cultural a largo plazo, a estrechar el vínculo entre cultura y ciudadanía y a fortalecer su posición en redes europeas de cooperación. El trabajo previo, la elaboración del proyecto y la participación del tejido local suelen tener un efecto duradero en el ecosistema creativo.
Para las ciudades que no pasan el corte, el camino recorrido tampoco se considera tiempo perdido. El panel de expertos ha insistido en que los diagnósticos realizados, las estrategias diseñadas y las alianzas generadas constituyen una base sólida para futuras políticas culturales. Muchas urbes que quedaron fuera en convocatorias previas han aprovechado el impulso de la candidatura para transformar su oferta y su manera de relacionarse con la cultura.
En esta ocasión, España vuelve a situarse en primera línea de la política cultural europea, casi tres lustros después de que San Sebastián ostentara la capitalidad en 2016. La ciudad que resulte elegida en 2031 se sumará a Madrid, Santiago de Compostela y Salamanca, consolidando el papel del país en la historia de este programa comunitario.
El proceso que ahora encaran Cáceres, Granada, Las Palmas de Gran Canaria y Oviedo será determinante para perfilar qué modelo de ciudad cultural quieren proyectar en la próxima década. Lo que está en juego no es solo un título visible durante un año, sino la posibilidad de redefinir su futuro a través de la cultura y de situarse como referentes europeos en un momento de grandes cambios sociales y económicos.
Con las candidaturas ya filtradas y el listón en todo lo alto, comienza una recta final en la que los proyectos deberán demostrar que son capaces de ir más allá de los grandes eslóganes, consolidar alianzas internacionales y convertir la creatividad en un eje estructural de la vida urbana. La elección definitiva dará respuesta a una pregunta de fondo: qué ciudad española está mejor preparada para asumir en 2031 el reto de ser Capital Europea de la Cultura y aprovecharlo como palanca de transformación duradera.
