- Eurovisión 2026 se celebra del 12 al 16 de mayo en Viena con solo 35 países en liza y sin España por primera vez desde 1961.
- RTVE se retira del festival por la presencia de Israel y renuncia también a emitir las galas, aunque los españoles podrán votar como "Resto del Mundo".
- La ausencia de España, Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia supone un boicot político con un fuerte impacto mediático y económico en la UER.
- RTVE refuerza su apuesta musical propia con un especial de "La Casa de la Música" el mismo día y hora de la final de Eurovisión.

La 70ª edición del Festival de Eurovisión llegará en mayo con un giro que nadie esperaba: España se queda fuera del concurso y de la retransmisión por primera vez en más de seis décadas. RTVE ha decidido dar un paso atrás en protesta por la participación de Israel, rompiendo así una trayectoria prácticamente ininterrumpida desde 1961.
Este cambio no solo altera la experiencia de los eurofans españoles, acostumbrados a seguir la gala en La 1 como uno de los grandes eventos televisivos del año, sino que abre un escenario nuevo: Eurovisión 2026 seguirá su curso en Viena con 35 países, pero sin uno de los miembros históricos del Big Five, y con una audiencia en España que tendrá que buscar alternativas para no perderse el festival.
Fechas, sede y cómo será Eurovisión 2026 en Viena
La edición de 2026 se celebrará en el Wiener Stadthalle de Viena (Austria), del 12 al 16 de mayo. El formato mantiene su estructura habitual de dos semifinales y una gran final:
- Primera semifinal: 12 de mayo
- Segunda semifinal: 14 de mayo
- Gran final: 16 de mayo
Todas las galas se emitirán en horario nocturno, alrededor de las 21:00, siguiendo la tradición del certamen. Austria ejerce de anfitriona tras la victoria de JJ con la canción «Wasted Love» en 2025, un triunfo que devuelve el festival a Viena por tercera vez y al mismo recinto que ya lo acogió en 2015.
En esta ocasión, la puesta en escena correrá a cargo de Victoria Swarovski y Michael Ostrowski como presentadores principales, con Emily Busvine en la green room. Sobre el escenario, 35 países competirán por el micrófono de cristal, una cifra que no se veía tan baja desde comienzos de los 2000 y que refleja el impacto de las retiradas.
España rompe con su historia eurovisiva: razones de la retirada
La decisión de RTVE supone un antes y un después en la relación de España con el festival. Desde su debut en 1961, nuestro país solo había faltado en 2020, cuando la competición se canceló por la pandemia de coronavirus. Esta vez la ausencia es voluntaria y tiene un claro trasfondo político.
RTVE planteó a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) la expulsión de Israel del concurso, en el contexto de la ofensiva militar sobre Gaza y del uso del festival como escaparate político. Tras la negativa del organismo a abrir ese debate de fondo y mantener a Israel en la competición, el Consejo de RTVE confirmó que España no participaría en Eurovisión 2026.
El presidente de la corporación, José Pablo López, llegó a afirmar que lo sucedido en la asamblea de la UER confirmaba que Eurovisión “no es un concurso de canciones sino un festival dominado por intereses geopolíticos y fracturado”. Con ese diagnóstico sobre la mesa, RTVE optó por retirarse no solo del escenario, sino también de cualquier tipo de colaboración editorial o promocional ligada al evento.
La salida española tiene además una lectura simbólica: España es el primer país del histórico Big Five que abandona el festival por motivos políticos. Este grupo, formado por Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España, aglutina a los principales contribuyentes financieros a la UER y tiene el privilegio de clasificarse directamente para la final. Con la retirada, España deja de formar parte de ese núcleo duro.
Un boicot compartido: los países que tampoco estarán en Eurovisión 2026
España no es el único país que ha decidido desmarcarse de esta edición. A su estela se han sumado Irlanda, Eslovenia, Islandia y Países Bajos. Todos ellos habían mostrado su rechazo a la presencia de Israel y coincidían en que el festival había perdido su espíritu de unión.
Estas cinco delegaciones esgrimieron argumentos similares: consideran que mantener a Israel en el certamen normaliza una situación bélica que muchos artistas y parte de la opinión pública europea rechazan frontalmente. De hecho, más de 1.100 músicos y creadores, entre los que se encuentran Macklemore, Blanca Paloma, Massive Attack o Kneecap, han pedido un boicot mientras Israel continúe en la competición.
El mapa de posiciones dentro de la UER ha quedado así profundamente dividido. Mientras España y sus aliados reclamaban al menos un debate formal sobre la continuidad de Israel, otros países, con Alemania a la cabeza, defendieron su permanencia. La UER se negó a someter la cuestión a votación, lo que intensificó las críticas y precipitó las retiradas.
El resultado práctico de este choque es un festival con 35 países en liza, frente a los 37 de 2025, y la ausencia de varios mercados clave para la audiencia y la financiación. Entre los participantes confirmados figuran Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Finlandia, Suecia, Grecia, Israel, Portugal o Ucrania, pero no habrá ni bandera ni actuación española en Viena.
Cómo ver Eurovisión 2026 desde España sin la emisión de RTVE
Una de las grandes preguntas tras el anuncio de la retirada fue qué pasaría con la retransmisión. La corporación pública dejó claro que no tendría sentido seguir beneficiándose de las audiencias de Eurovisión sin estar en competición, así que ha optado también por renunciar a los derechos de emisión.
Eso significa que La 1 no ofrecerá ni las semifinales ni la gran final de Eurovisión 2026. Aun así, quienes quieran seguir el festival desde España tendrán varias vías a su alcance, aunque todas pasan por salir del circuito tradicional de la TDT nacional.
La forma más directa será acudir a los canales oficiales del certamen: la plataforma digital Eurovision.tv y el canal oficial de YouTube de Eurovisión, que emitirán en directo las tres galas. Además, es probable que varias televisiones europeas con derechos, como la RAI italiana u otras cadenas públicas, puedan verse vía streaming desde territorio español.
Hay un matiz importante: aunque RTVE se retire, los espectadores españoles sí podrán votar. La UER mantiene la categoría de televoto “Rest of the World”, que permite a ciudadanos de países no participantes emitir sus votos a través de la web oficial. En la práctica, el voto español se agregará en ese paquete global, que cuenta como un país más, aunque sin presencia en el jurado profesional.
En ediciones anteriores, el festival se situaba entre los espacios más vistos del año en España. En 2025, la final emitida por La 1 reunió a 5,88 millones de espectadores y un 50,1 % de cuota, con picos de más de 6,3 millones durante las votaciones. En 2026, esas cifras, de momento, se trasladarán a plataformas online y a emisiones internacionales.
La respuesta de RTVE: «La Casa de la Música» frente a la final de Eurovisión
Consciente del vacío que deja Eurovisión en su parrilla, RTVE ha decidido reforzar su propia oferta musical. El próximo 16 de mayo, a la misma hora que la final del festival en Viena, La 1 emitirá un nuevo especial de La Casa de la Música, consolidando esta marca como su gran apuesta de entretenimiento musical.
El anuncio lo hizo Ana María Bordás, directora de Producción de Contenidos de RTVE y jefa de la delegación española en Eurovisión hasta la retirada. Según explicó, se trata de una fecha con doble carga simbólica: coincide con la final del certamen y con el Día Internacional de la Convivencia en Paz. La intención declarada es ofrecer un espacio que celebre la cultura y la música “como un bien compartido”.
Será el segundo especial de La Casa de la Música, después del emitido en la pasada Nochevieja, que recorrió algunos de los enclaves patrimoniales más emblemáticos de España convertidos en escenarios para conciertos en directo. Aquel programa reunió a cerca de 3,9 millones de espectadores y un 33,4 % de cuota, cifras que animaron a RTVE a convertirlo en una franquicia recurrente.
En esta nueva entrega, el presentador será Jesús Vázquez, que ya se estrenó como maestro de ceremonias del Benidorm Fest. La idea es que el especial se convierta en una alternativa musical sólida para quienes, en otras circunstancias, habrían estado conectados a Eurovisión y ahora busquen un gran espectáculo de producción nacional.
Artistas y concepto de la nueva «Casa de la Música» de RTVE
El especial que competirá en horario con la final de Viena quiere ser un escaparate amplio del panorama musical español y latino. Según el asesor musical y de contenidos, César Vallejo, convivirán artistas consagrados, nombres clave de los años 80 y nuevas generaciones que debutan en un gran formato televisivo.
Entre los invitados confirmados figuran Manuel Carrasco y Mónica Naranjo como grandes reclamos, además de artistas ochenteros como Mikel Erentxun. También habrá espacio para talentos emergentes, como Metrika, y para figuras vinculadas al Benidorm Fest y al universo eurovisivo, como Lucicalys o Chanel, que se reencontrarán con el público de La 1 fuera del contexto del concurso europeo.
El primer gran invitado de la noche será Raphael, en un gesto cargado de simbolismo. El cantante es el artista con más actuaciones en la historia de Televisión Española y uno de los nombres clave del pasado eurovisivo español. Su participación subraya la idea de RTVE de reivindicar el legado musical propio al mismo tiempo que mira a los nuevos sonidos que triunfan en plataformas como TikTok o Spotify.
Eva Tovar, directora del programa, ha adelantado que la puesta en escena será especialmente cuidada y que el objetivo es recuperar a leyendas de la música y del patrimonio cultural español, sin dejar de lado a bandas emergentes. La fórmula recuerda al primer especial de La Casa de la Música, en el que se vieron actuaciones como las de Nicki Nicole en el Castillo de Pedraza, Lola Índigo en el Palacio de Carlos V de la Alhambra de Granada, Amaia en el Monasterio de Iratxe, o Ana Torroja en el Museo Reina Sofía.
RTVE enmarca esta estrategia en una iniciativa transversal: usar sus archivos, programas y nuevas producciones musicales para reforzar su compromiso con el talento, la diversidad y la innovación. De esta manera, intenta compensar la ausencia en Eurovisión construyendo un ecosistema propio en torno a la música en televisión.
Impacto internacional: audiencias, boicot artístico y cambios en la votación
Pese a las retiradas, la UER insiste en que la edición de Viena llegará con normalidad. Los datos de 2025 respaldan la fuerza del formato: la final en Basilea reunió a 166 millones de espectadores en los 37 países que emitieron la gala, con una cuota media del 47,7 %, la más elevada desde 2004.
Sin embargo, el contexto de 2026 es distinto. Además de las bajas de España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, el festival llega marcado por una campaña de boicot sin precedentes impulsada por más de un millar de artistas. Nombres como Macklemore, Blanca Paloma, Massive Attack o Kneecap acusan a la UER de “encubrir” y “normalizar” las acciones de Israel al permitir su participación.
La UER, por su parte, ha optado por no someter a votación la continuidad de Israel, lo que ha reforzado la percepción de parte del público de que Eurovisión se mueve en una fina línea entre entretenimiento y geopolítica. El organismo defiende que el festival es “apolítico”, pero las decisiones editoriales de los últimos años han incrementado la tensión entre las cadenas miembro.
En respuesta a las polémicas de la edición anterior, la organización ha introducido varios cambios en el sistema de votación. A partir de 2026, cada espectador verá reducido de 20 a 10 el número máximo de votos que puede enviar desde sus dispositivos durante cada gala. El objetivo declarado es limitar prácticas susceptibles de interpretarse como manipulación y fomentar una distribución más amplia de apoyos entre los participantes.
Además, los jurados profesionales recuperan peso en las semifinales, volviendo a contar un 50 % en el resultado combinado con el televoto. Los jurados nacionales se ampliarán hasta siete miembros e incorporarán de forma obligatoria a jóvenes de entre 18 y 25 años, con la idea de reflejar mejor la diversidad de públicos del festival.
Consecuencias económicas: el “agujero” que dejan España y sus aliados
La retirada de varios países no es solo una cuestión política y simbólica; también tiene un impacto directo en la financiación del festival. Eurovisión se sostiene sobre un modelo mixto en el que confluyen las aportaciones de las televisiones participantes, la inversión de la cadena anfitriona, el apoyo de la ciudad sede y los ingresos comerciales.
Según cifras verificadas y estimaciones publicadas en los últimos años, RTVE aportó en 2025 alrededor de 331.700 euros a la UER, mientras que Países Bajos habría contribuido con unos 250.000 euros, Irlanda con algo más de 100.000 y Eslovenia con cerca de 87.000. La suma de estas cantidades sitúa el impacto directo mínimo de las retiradas en torno a 770.000 euros, a los que habría que añadir la aportación islandesa.
Para la UER, la pérdida de España y Países Bajos pesa especialmente. Ambos son mercados con una audiencia fidelizada y una fuerte tradición eurovisiva, que generan importantes retornos publicitarios y visibilidad. Según un análisis de Reuters, la televisión anfitriona suele invertir entre 10 y 20 millones de euros en la organización, pero el equilibrio del modelo depende de la masa crítica de países que pagan cuota.
El productor sueco Christer Björkman, figura clave en la evolución moderna del certamen, ha advertido de que la ausencia de estos países supondrá que el coste para participar el próximo año será “bastante más alto” para quienes sigan dentro. Aunque la UER y la ORF aseguran que la producción no se verá comprometida, sus palabras apuntan a tensiones futuras en el reparto de gastos.
Más allá de las cifras directas, existe otro efecto menos visible: menos países equivale, potencialmente, a menos televoto, menor diversidad de audiencias y un atractivo comercial más reducido para patrocinadores actuales y futuros. A esto se suma la dependencia de grandes socios como Moroccanoil, cuyo peso en el presupuesto global es cada vez más evidente.
Audiencias, emisiones alternativas y efecto dominó en otros países
El impacto de las retiradas también se refleja en la forma en que algunas televisiones están reconfigurando su programación. Al igual que RTVE, Eslovenia ha decidido no emitir Eurovisión. Su directora, Ksenija Horvat, confirmó que RTV Eslovenia sustituirá el festival por la serie documental Voices of Palestine, con documentales y películas de ficción palestinas.
El resto de países que han renunciado a competir han tomado caminos distintos. Islandia y Países Bajos sí ofrecerán el festival, aunque no a través de su televisión pública en el caso neerlandés, mientras que Irlanda ha optado por no emitirlo este año. Se dibuja así un escenario fragmentado, en el que cada radiodifusora mide el coste reputacional y económico de asociarse a la marca Eurovisión en este contexto.
En España, la ausencia de la señal oficial se traducirá en un descenso evidente de la audiencia televisiva lineal, pero no necesariamente en un desinterés total por el festival. Los eurofans más activos ya han empezado a organizar quedadas y visionados colectivos a través de plataformas online y emisiones internacionales, replicando, en la medida de lo posible, la experiencia compartida de otros años.
La UER, por su parte, insiste en que las retiradas estaban contempladas en la planificación financiera y que el modelo sigue siendo sostenible. No obstante, las advertencias de perfiles como Björkman y la presión de parte de la comunidad artística apuntan a que Viena 2026 será observada con lupa, tanto por los socios actuales como por posibles nuevos patrocinadores.
En este contexto tan cargado, Eurovisión 2026 se presenta como una edición de contrastes: un festival que mantiene su despliegue escénico y sus ajustes técnicos para reforzar la transparencia; además, formatos derivados como Eurovisión Asia celebra su debut amplían el horizonte, pero llega tocado por un boicot político inédito, un debate abierto sobre su neutralidad y un vacío notable en la parrilla española. Mientras los focos se encienden en el Wiener Stadthalle, parte del público en España cambiará de canal para descubrir La Casa de la Música, y otra parte optará por seguir conectada a un certamen que, aun en plena controversia, sigue siendo una de las citas musicales más influyentes del mundo.

