- Un terremoto de magnitud 5,0 con epicentro en Alhendín sacudió Granada el 15 de agosto.
- Cuatro días después, un nuevo seísmo de 4,8 en Gójar reactivó la alerta.
- La Junta activó el plan sísmico y se suspendieron servicios sanitarios no esenciales.
- No hubo víctimas graves, pero sí daños materiales en edificios y monumentos como la Alhambra.
La tierra no ha dado tregua en la provincia de Granada durante los últimos días. Una serie sísmica que comenzó en la madrugada del 15 de agosto ha mantenido en vilo a miles de vecinos, con dos grandes sacudidas y cientos de réplicas que han puesto a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades. El balance, pese a la magnitud de los movimientos, ha sido de daños materiales y heridos leves, pero sin víctimas mortales.
El primer y más potente temblor se registró a la 1:04 horas del sábado, con una magnitud final de 5,0 según el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Su epicentro se localizó en el municipio de Alhendín, a escasos kilómetros de la capital, y fue percibido en hasta diez provincias de Andalucía, Murcia, Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid. Cuatro días después, un nuevo seísmo de 4,8 con epicentro en Gójar volvió a activar todas las alarmas.
Un terremoto de magnitud 5,0 que se sintió en medio país
El seísmo del 15 de agosto fue el más intenso en la zona desde el enjambre sísmico de 2021. Según el IGN, el epicentro se situó a 2 kilómetros de profundidad, lo que amplificó la sensación en la superficie. La sacudida duró unos diez segundos y despertó a la mayoría de los granadinos, que salieron a la calle asustados. El temblor se dejó notar con especial fuerza en la capital y el área metropolitana, donde se registraron caídas de cornisas, grietas en fachadas y desprendimientos de falsos techos.
La Junta de Andalucía activó de inmediato el Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en situación operativa 1. El servicio 112 recibió más de 300 llamadas y los bomberos realizaron 85 intervenciones, principalmente en la zona sur de Granada capital y municipios como Armilla, La Zubia o Gójar. A pesar de los sustos, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, confirmó que no hubo daños estructurales graves ni heridos de consideración; solo crisis de ansiedad y traumatismos leves por caídas.
El martes: un nuevo terremoto de 4,8 reactiva la emergencia

Apenas cuatro días después, a las 10:37 del martes 18 de agosto, un nuevo terremoto de magnitud 4,8 con epicentro en Gójar (aunque inicialmente se señaló a Alhendín) volvió a sacudir toda el área metropolitana. Fue seguido de una serie de réplicas de hasta 4,2 grados en localidades como Churriana de la Vega, Padul o Alhendín, que mantuvieron en alerta a la población durante toda la mañana. El temblor se sintió en las cuatro provincias de Andalucía oriental y provocó escenas de pánico en centros comerciales y calles abarrotadas.
Las consecuencias se notaron de inmediato: el Servicio Andaluz de Salud suspendió toda la actividad asistencial no esencial en Granada, incluidas consultas y cirugías programadas, para revisar las instalaciones. Se detectaron daños estructurales en varios centros de salud como el Zaidín Sur o el Bola de Oro. Además, el Ayuntamiento decretó el cierre temporal de todos los edificios públicos y el desalojo preventivo de 600 personas en Las Gabias, donde 371 viviendas sufrieron daños en fachadas y balcones.
La Alhambra y otros monumentos, cerrados por seguridad

El patrimonio monumental también se vio afectado. El Patronato de la Alhambra decidió desalojar de manera preventiva los Palacios Nazaríes y la Alcazaba tras el primer temblor del martes, y posteriormente cerró el conjunto completo mientras los técnicos inspeccionaban posibles daños. El equipo de conservación, junto a expertos de la Universidad de Granada, revisó las estructuras y aseguró que no se habían registrado daños importantes, pero se optó por mantener el cierre para garantizar la seguridad de los visitantes. La catedral de Granada también cerró sus puertas, al igual que varios museos y centros culturales dependientes de la Diputación.
En el ámbito educativo, cuatro colegios con servicio de ludoteca fueron inspeccionados y no presentaban daños preocupantes, aunque se anunció que todos los centros serán revisados antes del inicio del curso. La alcaldesa Marifrán Carazo hizo un llamamiento a la calma y pidió a los vecinos que caminaran alejados de las fachadas por el riesgo de caída de elementos. La Policía Local acordonó numerosas zonas y se recomendó a la población no permanecer junto a edificios.
Una actividad sísmica que no es nueva en Granada
Granada y su entorno son una de las regiones con mayor actividad sísmica de la península ibérica. La serie actual recuerda a la vivida en 2021, cuando un enjambre sísmico con epicentro en Santa Fe acumuló más de mil terremotos en una semana. Según los expertos, la probabilidad de réplicas se mantiene alta en los próximos días, aunque se espera que vayan perdiendo intensidad. El vicepresidente de la Junta, Antonio Sanz, insistió en la importancia de la autoprotección: “Hay que tener en cuenta que puede haber cornisas que no se hayan caído, pero que con un temblor de dos o tres grados lo hagan”.
El fenómeno responde a la acumulación de energía en las fallas de las cordilleras Béticas orientales. Un estudio reciente estima que en esta zona se produce un terremoto de magnitud 5 cada 16 años, y de magnitud 6 cada 160. Las localidades de Almería y Murcia concentran las mayores velocidades de deformación cortical, lo que apunta a que podrían ser escenarios de futuros sismos moderados. A pesar de la alarma, los científicos recuerdan que estos eventos no se pueden predecir, pero sí mitigar sus efectos con una buena preparación.
La serie sísmica que comenzó el 15 de agosto ha dejado en Granada una sensación de vulnerabilidad, pero también de respuesta coordinada. La activación del plan de emergencias, el cierre preventivo de monumentos y la suspensión de servicios sanitarios han evitado males mayores. El balance final, a falta de evaluaciones definitivas, es de daños materiales cuantiosos pero sin víctimas graves. Los granadinos, acostumbrados a convivir con los temblores, esperan que la tierra se calme, pero mantienen la prudencia ante la posibilidad de nuevas réplicas.
