La biodiversidad española, entre el cambio climático y la recuperación tras los incendios

Última actualización: agosto 13, 2026
  • Un estudio global alerta de que el 65% de los ecosistemas insulares sufrirá los efectos del cambio climático, con tres islas españolas en riesgo crítico.
  • Las olas de calor marinas baten récords en las costas españolas, amenazando la biodiversidad marina y acelerando la migración de especies.
  • Los incendios forestales de 2026 han puesto en jaque la fauna y la flora, y las administraciones adoptan medidas para recuperar los ecosistemas y regular la caza.
  • Las próximas cumbres internacionales sobre biodiversidad y clima marcarán la hoja de ruta para frenar la pérdida de especies.

Biodiversidad

La biodiversidad en España no lo tiene fácil. Entre el calor que aprieta, los incendios que arrasan y un mar que cada vez está más caliente, la naturaleza se resiente. Pero no todo son malas noticias: también hay iniciativas para protegerla, y las próximas cumbres internacionales intentarán poner orden.

En los últimos meses, varios estudios y denuncias han puesto el foco en cómo el cambio climático está afectando a nuestros ecosistemas, desde las islas hasta las profundidades marinas. Y mientras tanto, las administraciones se afanan en reparar los daños de los incendios y en regular la caza para no rematar a la fauna.

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El cambio climático golpea a los ecosistemas insulares

Ecosistemas insulares

Un equipo internacional con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha publicado en la revista PNAS la primera evaluación global de la exposición al cambio global de las islas de más de un kilómetro cuadrado. El aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar serán las primeras amenazas para el 65% de estos ecosistemas, según el estudio. Los mapas obtenidos, que analizan 16.578 islas, permiten identificar los territorios más vulnerables.

Además del clima, los cambios en el uso del suelo afectarán al 22% de las islas, especialmente en el Pacífico, el Báltico y el Sudeste Asiático. Las invasiones biológicas serán la amenaza principal para el 13%, con un riesgo mayor en islas templadas del norte de Europa. Los puntos críticos se concentran en Seychelles, la Polinesia Francesa, Bangladés, China, Fiyi, Micronesia, Dinamarca, Suecia, India y Japón, según los investigadores.

En el caso de España, de las 28 islas estudiadas, tres han sido identificadas como puntos críticos: la Isla de Arosa, la Isla de la Toja e Isla Conejera. La primera sufre por igual el cambio climático, las especies invasoras y los cambios de uso del suelo, mientras que las otras dos están más amenazadas por la urbanización y las especies exóticas. La restauración de ecosistemas y la creación de áreas protegidas son algunas de las soluciones que proponen los científicos para limitar los impactos.

Olas de calor marinas: un mar que hierve

Olas de calor marinas

El mar también sufre la crisis climática. Las olas de calor marinas, periodos en los que la temperatura del agua supera el percentil 90 durante al menos cinco días, se han extendido por el 98% de los mares europeos entre 2023 y 2025. En 2025, el 86% de los mares europeos tuvieron olas de calor de categoría 2 o superior, y el 36% alcanzó categoría 3 o extrema.

El Mediterráneo es uno de los más afectados: se calienta dos o tres veces más rápido que la media global, y desde 2022 el 100% de sus aguas ha registrado picos de temperatura. Las aguas que rodean la península ibérica y las islas se calientan un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25 ºC por década. Este verano de 2026 ha batido récords, con la boya de Dragonera (Mallorca) alcanzando los 33 ºC en agosto.

El calor marino tiene consecuencias directas para la biodiversidad: las especies migran a aguas más frescas, mientras que otras, como moluscos, algas y corales, sufren mortalidades masivas. La protección de al menos el 30% de la superficie marina es una de las medidas clave para que los ecosistemas puedan recuperarse, según los expertos.

Incendios y caza: la recuperación de la naturaleza

Incendios forestales

Los incendios forestales del verano de 2026 han dejado una huella profunda en la biodiversidad española. En Madrid, Ecologistas en Acción ha criticado la resolución de la Dirección General de Biodiversidad que limita la caza solo en las zonas quemadas, pero no en las adyacentes. La organización pide una suspensión de la actividad cinegética en un perímetro de 20 kilómetros alrededor de los incendios para proteger a la fauna superviviente que se desplaza en busca de refugio.

En Castilla y León, la Consejería de Agricultura y Medio Rural se ha reunido con los titulares de cotos de caza afectados por el incendio de Burgohondo para diseñar ayudas. Se han activado suministros de agua y alimento para la fauna, y se preparan planes de recuperación de flora y hábitats. Los cazadores, por su parte, defienden que su actividad es compatible con la conservación, y destacan su papel como red de colaboración para el seguimiento del territorio.

La recuperación de los ecosistemas no será rápida. Los expertos insisten en que las moratorias de caza no deben levantarse automáticamente, sino solo cuando los informes científicos confirmen que las poblaciones pueden soportar de nuevo la presión. Mientras tanto, se trabaja en la restauración de puntos de agua, siembras otoñales y la instalación de comederos para ayudar a la fauna.

Las cumbres internacionales, clave para el futuro

Cumbres internacionales

Este año se celebran tres cumbres ambientales de la ONU: sobre desertificación, biodiversidad y clima. La COP17 de biodiversidad tendrá lugar en Ereván (Armenia) en octubre, y será la primera evaluación global del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Uno de los objetivos es proteger el 30% de la tierra y los océanos para 2030, aunque los avances son lentos.

En España, la desertificación afecta ya al 40% del territorio, según el primer atlas nacional publicado el año pasado. La sequía es un problema recurrente que requiere una política proactiva, no reactiva, como advierten los científicos. Las cumbres, aunque a menudo criticadas por sus acuerdos de mínimos, siguen siendo necesarias para coordinar acciones globales y presionar a los gobiernos.

La comunidad científica coincide en que la pérdida de biodiversidad y el cambio climático están interconectados, y que las soluciones deben abordarse de forma conjunta. La financiación y la voluntad política son los grandes escollos, especialmente con la salida de Estados Unidos de los acuerdos internacionales.

En definitiva, la biodiversidad española se enfrenta a múltiples frentes: el calentamiento global, los incendios, la presión humana y la falta de medidas contundentes. Pero también hay esperanza en las iniciativas de restauración, la creación de áreas protegidas y la implicación de la sociedad. El futuro de nuestros ecosistemas dependerá de que las palabras se conviertan en hechos, y de que la protección de la naturaleza deje de ser una asignatura pendiente.