La caza insostenible avanza hacia los últimos refugios de biodiversidad del planeta

Última actualización: agosto 26, 2026
  • Un estudio liderado por el CSIC revela que la presión de caza creció significativamente en los bosques tropicales entre 2000 y 2015.
  • La expansión de infraestructuras y el acceso a zonas remotas facilita la caza comercial y el comercio ilegal de especies.
  • Los mapas generados identifican refugios clave en Borneo, Papúa Nueva Guinea, África Central y el oeste de la Amazonía.
  • La herramienta busca apoyar el cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
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Los bosques tropicales albergan la mayor concentración de especies del planeta, pero su capacidad para protegerlas se reduce año tras año. La presión de la caza avanza hacia las zonas más remotas y pone en peligro los últimos refugios de la biodiversidad mundial. Un estudio reciente coordinado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Estación Biológica de Doñana (EBD) ha confirmado que esta amenaza se ha expandido de forma significativa en los últimos años, a un ritmo mucho mayor del que se estimaba.

El equipo ha elaborado los primeros mapas globales estandarizados que predicen la probabilidad de caza en las áreas tropicales a partir de datos de 2000 y 2015. Los resultados, que recoge la revista Nature Sustainability, advierten que la actividad se ha extendido hacia los últimos territorios que se mantenían relativamente intactos. Los mapas se convertirán en una herramienta clave para la planificación de la conservación y el seguimiento de los compromisos internacionales para detener la pérdida de biodiversidad en 2030.

Bosque tropical con vegetación densa y luz natural

La expansión de la caza y el avance hacia áreas remotas

El acceso humano a áreas cada vez más inaccesibles se ha convertido en el principal motor de la expansión. Según los datos recopilados, la probabilidad de que se cace en un territorio aumenta notablemente en zonas situadas a menos de 25 kilómetros de asentamientos humanos. Los investigadores Ana Benítez, Martin Philippe y Iago Ferreiro-Arias, de las instituciones mencionadas, señalan que la construcción de infraestructuras y la mejora del acceso a regiones remotas está facilitando la penetración de formas de caza insostenibles hacia los últimos rincones que hasta ahora actuaban como santuarios naturales.

En concreto, los análisis muestran que en 2015 el 88% de las áreas tropicales tenían una probabilidad de caza superior al 50%, mientras que apenas el 0,03% de esos territorios podían considerarse refugios seguros, con probabilidades por debajo del 20%. Esto representa un incremento notable respecto a los datos del 2000, y una tendencia que, según los expertos, puede provocar el llamado “efecto de bosques vacíos”: ecosistemas que mantienen la cubierta forestal pero que han perdido a casi toda su fauna por la sobreexplotación.

La presión no se reparte de manera uniforme. Las regiones donde el aumento fue más acusado se encuentran en el ámbito indomalayo (sudeste asiático) y algunas áreas del neotrópico, mientras que la zona del África tropical mostró una situación relativamente más estable. Pero el mapa también revela que los lugares considerados hasta ahora poco accesibles, como amplias zonas de la cuenca amazónica, han registrado un aumento en la exposición de la caza.

Fauna tropical en el hábitat natural

Una herramienta para la conservación global

Una de las grandes dificultades que ha tenido hasta ahora la ciencia para analizar la presión de la caza es que no puede detectarse de forma directa mediante teledetección o imágenes de satélite. Las técnicas de modelización y los datos aportados por cientos de estudios, unidos a variables ecológicas y socioeconómicas, han permitido crear por primera vez un mapa mundial estandarizado. Esta capa de información es fundamental para que los gobiernos puedan diseñar políticas de conservación eficaces y hacer un seguimiento de los compromisos asumidos en el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.

Los expertos recuerdan que no toda actividad de caza es nociva. Hay comunidades humanas que la practican de manera integrada en sus forma de vida y que la han compaginado históricamente con la conservación. El problema se encuentra en las formas insostenibles: la caza comercial y el tráfico ilegal de especies. La creación de refugios seguros es crucial para frenar el avance de estas actividades, que ponen en jaque la integridad ecológica de los bosques y acaban dañando la biodiversidad global.

Los datos aportados por este estudio no solo se utilizan para el ámbito científico, sino que se integrarán en procesos internacionales. Las proyecciones y los mapas estarán a disposición de la comunidad conservadora y de los responsables políticos, sirviendo de apoyo para la próxima Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica, que bajo el lema “Acción por la Naturaleza” buscará acelerar el cumplimiento de los acuerdos internacionales en este año clave.

Iniciativa para la conservación de la biodiversidad

Más zonas, más presiones: la dificultad de seguir de cerca

La investigación destaca además que la reducción de la presión de caza no se observa en casi ninguna región. Las únicas áreas que se mantienen relativamente seguras son aquellas donde el aislamiento geográfico sigue dificultando la llegada del ser humano, como el interior de Borneo, Papúa Nueva Guinea, África Central o el oeste de la Amazonía. Los autores recomiendan reforzar la vigilancia y la colaboración con las comunidades locales para evitar que estas últimas zonas que resisten se conviertan en el próximo frente.

El sistema de mapas de resolución de 1 km, se constituye como un avance de gran valor para anticipar tendencias y diseñar acciones de conservación, así como para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Además, los investigadores afirman que su objetivo no es sustituir el conocimiento local ni las evaluaciones de campo, sino ofrecer una base de datos estandarizada y actualizada con la que los distintos agentes puedan trabajar de forma coordinada.

La información también es útil para entender la manera en que la presión se distribuye y como la distancia a los núcleos de población es un factor determinante. Este tipo de datos ayuda a prever dónde se pueden producir conflictos o aumentar la vulnerabilidad y permite tomar decisiones con antelación antes de que los efectos se vuelvan irreversibles.

El trabajo de investigación ha sido realizado con técnicas de aprendizaje automático aplicadas a miles de registros de campo de 2.463 localidades repartidas por África, Asia y América tropical. Los datos cruzados han sido capaces de ofrecer una fotografía global y dinámica de un fenómeno que hasta ahora había resultado muy difícil de visualizar y que se confirma como una de las principales amenazas para la biodiversidad.

En definitiva, la investigación confirma que la presión de la caza en los bosques tropicales ha aumentado de forma global y sostenida, poniendo en jaque los espacios que la fauna usaba como refugio final. Con la combinación de mapas, datos y proyecciones, el estudio se convierte en un aliado directo para los próximos debates internacionales sobre biodiversidad, con la vista puesta en la próxima conferencia de la ONU y la urgente necesidad de revertir la curva de pérdida de especies en la próxima década.