- El 38% de los españoles usa IA generativa, pero solo un 18% en el trabajo.
- La brecha digital afecta a mayores, mujeres y rentas bajas: 23 millones nunca la han usado.
- Madrid aprueba leyes y proyectos para impulsar la IA en la administración.
- Las empresas no logran aún generar valor con IA: solo el 24% ve mejoras productivas.
La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una de las tecnologías más transformadoras de la última década, pero su adopción en España avanza a un ritmo moderado. Según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 38% de los residentes utiliza habitualmente estas herramientas, principalmente para consultas personales (30%), mientras que solo un 18% las emplea en el trabajo y un 16,2% para formación. Estas cifras contrastan con estudios privados que elevan el porcentaje de uso profesional hasta superar el 50%.
El sindicato UGT ha denunciado que esta tecnología no está llegando a todos por igual. En su informe ‘Brecha digital e inteligencia artificial’, señala que más de 23 millones de personas nunca han usado IA, con una diferencia de 70 puntos porcentuales entre jóvenes (75% de 16-24 años) y mayores (7% de 65-74 años). La entidad propone un Plan Nacional de Cualificación en IA para toda la ciudadanía.
La adopción en cifras: un uso principalmente doméstico
El perfil del usuario español de IA es el de un hombre joven, residente en una gran ciudad y con estudios secundarios o superiores, según datos del INE recogidos por UGT. La brecha también se manifiesta por género: más de la mitad de quienes no la usan son mujeres (55,5%), y la edad media de los no usuarios alcanza los 56,3 años. Además, un 44% de las personas con menor nivel educativo desconoce por completo cómo funciona esta tecnología.
La formación es un punto crítico. De acuerdo con el INE, solo el 20% de las empresas con más de diez empleados ofrece capacitación en tecnologías de la información, y en las microempresas (el 95% del tejido productivo) la cifra cae al 3%. Esta falta de preparación lastra una integración más amplia en el ámbito laboral.
La respuesta institucional: Madrid impulsa la IA en la administración
Para reducir la brecha y mejorar los servicios públicos, la Comunidad de Madrid ha lanzado el proyecto EficiencIA, que incorpora asistentes de IA para simplificar trámites como solicitudes de ayudas, becas o licencias. Según la presidenta Isabel Díaz Ayuso, esta iniciativa ya ahorra 200.000 horas anuales a los ciudadanos, y se complementará con la Factoría de IA, un centro de innovación con 50 millones de euros de dotación.
Además, el Ejecutivo regional ha elaborado la Ley de Administración Digital e Inteligencia Artificial (LADIA), que sentará las bases para un uso seguro de estas herramientas y la ciberseguridad. También se destinarán 14 millones de euros a proyectos de adopción de IA para pymes, y se ampliarán las capacidades de la plataforma EducaMadrid para estudiantes y docentes, garantizando la soberanía del dato.
Estas medidas se enmarcan en el Plan Estratégico Regional de IA, que se aprobará este año, con el objetivo de incorporar estas tecnologías en todas las áreas de competencia autonómica.
El reto empresarial: la IA no está generando el valor esperado
En el sector privado, la adopción de la IA avanza con cautela. Un estudio de Morgan Stanley revela que solo el 24% de las empresas del S&P 500 han notado aumentos de productividad gracias a estas herramientas, y el IESE, en su encuesta sobre gobernanza, concluye que un 55% de los consejeros admite no haber conseguido un valor diferencial. La razón principal es que la mayoría de las organizaciones (52%) prioriza la reducción de costes, mientras que solo un 30% apuesta por nuevas oportunidades de negocio.
El papel de los consejos de administración es clave, pero su implicación es baja. Apenas un 9% de los consejeros asegura que su consejo está altamente involucrado en definir la estrategia de IA, y menos de un 5% supervisa activamente su implantación. Para Jordi Canals, director del IESE Center for Corporate Governance, esta tecnología debe tratarse como una decisión estratégica, no técnica, y requiere una revisión de riesgos y una apuesta decidida por la reeducación de los empleados.
En este sentido, la elección del modelo de IA no debería ser la obsesión corporativa. Un análisis reciente de Fast Company sugiere que el verdadero valor está en la arquitectura, los datos propios y los ciclos de aprendizaje, mientras que los modelos pueden intercambiarse según la tarea. Las empresas que construyan un corpus de conocimiento basado en su propia información tendrán una ventaja competitiva más sostenible que aquellas que simplemente alquilen un modelo caro.
La IA en la sanidad: medicina aumentada para ganar tiempo
En el ámbito sanitario, la IA se está convirtiendo en un aliado para acelerar la investigación y optimizar los ensayos clínicos. Durante el encuentro de Farmaindustria en Santander, se ha destacado que herramientas como AlphaFold pueden reducir de años a minutos el estudio de interacciones entre proteínas, abriendo nuevas vías para enfermedades raras. Estas aplicaciones no sustituyen al médico, sino que aumentan sus capacidades como un ‘copiloto’, según Conchita Díaz, responsable de formación en IA de Google.
Los expertos coinciden en que el objetivo es liberar tiempo para la atención al paciente y reducir la burocracia. La doctora María Isabel Moya, de la Organización Médica Colegial, pide un equilibrio sensato para no dejarse deslumbrar por la tecnología, mientras que los pacientes, representados por Andoni Lorenzo, defienden el uso responsable de sus datos para avanzar en terapias. La clave está en mantener la supervisión humana en todas las decisiones críticas.
En definitiva, la inteligencia artificial en España se abre camino en ámbitos muy diversos, pero su consolidación depende de resolver la brecha de formación, implicar a los órganos de gobierno y mantener una visión realista sobre sus capacidades. Las administraciones apuestan por la digitalización, las empresas muestran interés pero encuentran dificultades para medir resultados en el corto plazo, y la sanidad comienza a ver avances prometedores. La tecnología está ahí, pero su éxito no radica en el modelo, sino en la estrategia y las personas que la ponen en marcha.

