Pint of Science llena de ciencia los bares de España

Última actualización: mayo 16, 2026
  • Pint of Science celebra su undécima edición en España con más de un millar de eventos en 114 localidades, muchas de ellas rurales.
  • El festival convierte bares y cafeterías en escenarios de charlas científicas cercanas sobre salud, tecnología, historia, medio ambiente o neurociencia.
  • Ciudades como Manises, Mieres, Burgos, Jaén, Baeza, Granada, Málaga o Vitoria-Gasteiz presentan programas propios con investigadores locales.
  • La iniciativa está impulsada por la Asociación Pint of Science España y cuenta con el apoyo de una amplia red de voluntariado y entidades colaboradoras.

festival Pint of Science en bares

Durante tres tardes consecutivas de mayo, bares de toda España se transforman en improvisadas aulas donde la ciencia se explica sin bata de laboratorio y con una caña en la mano. Pint of Science, el festival internacional de divulgación que nació en Reino Unido en 2013, celebra en nuestro país su undécima edición con una propuesta que combina charlas, experimentos y coloquios en un ambiente relajado.

En 2026, el evento vuelve a consolidarse como uno de los mayores encuentros científicos gratuitos del mundo, con programación simultánea en los cinco continentes y la participación de 27 países. España se suma a esta maratón global llenando bares y cafeterías de 114 localidades de conversaciones sobre agujeros negros, salud mental, historia, IA o cambio climático, siempre con un lenguaje accesible.

Pint of Science en España: un festival que no deja de crecer

A lo largo de sus diez ediciones anteriores, Pint of Science ha convertido la divulgación en una experiencia social: más de 2.200 eventos organizados en 1.000 bares, alrededor de 5.300 personas dedicadas a la investigación implicadas y unas 130.000 asistentes acumuladas como público. La edición de 2026 se presenta como la más ambiciosa, tanto por el número de actividades como por la expansión territorial.

Este año, Pint of Science España moviliza a unos 1.300 investigadores e investigadoras que saldrán de sus centros de trabajo para explicar qué hacen en un formato distinto al de los congresos clásicos. Durante los días 18, 19 y 20 de mayo, las charlas se reparten en más de un millar de citas breves, muchas de ellas agrupadas por temáticas como “Mente Maravillosa”, “Nuestro Cuerpo”, “Tech Me Out”, “Planeta Tierra” o “De los átomos a las galaxias”.

La iniciativa está articulada desde la Asociación de Divulgación Científica Pint of Science España, con sede social en Mojácar (Almería). Se trata de una entidad sin ánimo de lucro gestionada íntegramente por personal voluntario que se encarga, durante meses, de coordinar ciudades, contactar con bares, cerrar agendas de ponentes y buscar apoyos locales y nacionales, siempre en coordinación con el resto de países del festival.

El festival es gratuito para el público gracias al respaldo de patrocinadores nacionales como Fundación Pfizer, Labbox, CESIF, VHIO, Miltenyi, Jóvenes Nucleares o Vadillo Asesores, además de más de 70 entidades locales que se implican en cada ciudad. En algunos territorios también se suman universidades, ayuntamientos, asociaciones científicas y centros de investigación.

La ciencia se sienta en el bar: filosofía y formato del festival

El germen de Pint of Science está en una pregunta muy sencilla: si la gente no va al laboratorio, ¿por qué no llevar la ciencia al bar? En 2013, los investigadores Michael Mostkin y Praveen Paul organizaron en Reino Unido unas charlas en su propio centro para explicar su trabajo a personas con problemas de salud mental. El impacto fue tan positivo que decidieron invertir el enfoque y colocar la ciencia donde está el público.

Desde entonces, el formato se mantiene fiel a esa idea: charlas breves, lenguaje llano y tiempo de sobra para las preguntas. Nada de conferencias solemnes; en su lugar, explicaciones apoyadas en ejemplos cotidianos, anécdotas y muestras experimentales cuando el local lo permite. El rol del público es activo: se anima a interrumpir, plantear dudas y debatir con quien está en el escenario.

En España, el evento apuesta cada vez más por reducir la distancia entre el conocimiento científico y los territorios menos poblados. Este año participan bares de 29 áreas rurales que se incorporan por primera vez, muchas de ellas gracias al impulso de investigadores que, pese a trabajar ahora en otras ciudades o en el extranjero, regresan a sus pueblos de origen para compartir allí su experiencia profesional.

El coordinador nacional del festival, Carlos Peris Torres, resume bien este enfoque cuando señala que cada charla en un entorno rural es una oportunidad para sembrar interés y despertar vocaciones. Ver a alguien del propio entorno explicando su investigación ayuda a percibir la carrera científica como un camino posible y cercano, y rompe la idea de que la ciencia es algo lejano reservado a grandes capitales.

Manises, Mieres y Burgos: nuevas sedes y programas variados

Entre las ciudades que se estrenan o refuerzan su presencia este año, destacan varios ejemplos repartidos por la geografía española. Manises se suma por primera vez al festival con un programa propio de diez charlas divulgativas en el bar-restaurante Sant Joan Bistro, donde la ciencia se mezclará con tapas temáticas durante los tres días de actividades.

En Manises, a las 19:00 horas de los días 18, 19 y 20 de mayo, se abordarán asuntos tan dispares como la medicina del siglo XVI, el uso y potencial del cannabis o las señales tempranas que alertan de problemas en las plantas. Habrá sesiones sobre microbiología aplicada al chocolate, bacterias “invisibles” que habitan en nuestro organismo o la formación de los tejidos del cuerpo humano, e incluso una jornada dedicada a visibilizar a las mujeres científicas. Algunas ponencias incorporarán demostraciones experimentales, y la responsable local, la biotecnóloga Cecilia Picazo, insiste en que la idea es fomentar el diálogo directo con la ciudadanía.

Otra localidad que se incorpora es Mieres, de la mano del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (INDUROT) del campus local de la Universidad de Oviedo. El festival se celebrará en la Llibrería-Café La Llocura y centrará buena parte de su programación en temas vinculados al pasado minero y a la transición energética, con ponencias sobre ventilación y seguridad, explosivos y percepción del riesgo, minería inversa o posibles horizontes económicos más allá de la extracción de carbón.

Desde la organización mierense subrayan que uno de sus objetivos es construir un formato accesible para públicos muy diversos, aprovechando el clima distendido de los bares para que cualquiera pueda plantear preguntas, debatir con quienes investigan y entender mejor conceptos técnicos que suelen parecer lejanos.

En el norte también destaca el caso de Burgos, que presenta un cartel con 16 charlas repartidas en tres sedes: Carmen 13, La Rúa y la Sala Andén 56. La programación cubre desde la paleontología a la psicología, pasando por la química, la pedagogía o la ingeniería, con títulos tan directos como “¿Estamos todos enganchados a algo?”, “Nada por aquí, agujeros por allá”, “Regeneración: ciencia en acción” o “¿Mi mente me miente?”.

En la capital burgalesa, la gala final en la Sala Andén 56 incluirá experimentos en vivo, juegos, concursos, música y otras actividades pensadas para todos los públicos. Además, Burgos refuerza la vertiente infantil mediante Pint Kids, con un taller sobre materiales sorprendentes dirigido a niñas y niños de 9 a 12 años en La Estación de la Ciencia y la Tecnología, donde se explorará cómo se comporta la materia a pequeña escala.

Andalucía: Jaén, Baeza, Granada y Málaga se vuelcan con la ciencia en los bares

Andalucía vuelve a ser uno de los territorios más activos. En Jaén, la taberna Los Barriles acoge seis charlas impulsadas por la Universidad de Jaén (UJA) con el respaldo de su Unidad de Cultura Científica y del Ayuntamiento. Durante las tardes del 18, 19 y 20 de mayo se hablará, entre otros temas, de cómo se investiga un volcán bajo el hielo de la Antártida, qué nos cuenta el ADN sobre sociedades del pasado o qué ocurre en el cerebro cuando se afrontan emociones difíciles.

El programa jiennense combina enfoques históricos y contemporáneos: desde miradas a la evolución urbana y al patrimonio de la ciudad hasta relatos de campañas científicas en la Antártida y análisis de la relación entre actividad física, bienestar y funcionamiento mental. La intención es que el público pueda preguntar sin cortarse y entablar un diálogo abierto con quienes trabajan en estos campos, con toda la información detallada en la web oficial del festival.

Muy cerca, Baeza se suma con un formato repartido entre varios locales: el bar-cafetería del Hotel TRH Ciudad de Baeza, el Bar Restaurante El Pasaje y la Tasca Burladero. A las 20:30, tres charlas cubrirán ámbitos que van de la lingüística a la inteligencia artificial y la oceanografía. La ciudad se presenta como un auténtico laboratorio lingüístico al aire libre, se desgranan los entresijos de la IA “explicada para humanos” y se abordan investigaciones sobre el océano.

La organización en Baeza pone el acento en romper la idea de que la ciencia es necesariamente complicada. La responsable de comunicación, la investigadora postdoctoral Sandra Medrano, insiste en que usar un lenguaje comprensible y un entorno cercano como el bar facilita que la gente se anime a preguntar y que conceptos complejos se entiendan con naturalidad.

En Granada, el festival se reparte entre Sala Premier y Pub New Chicago, con una docena de charlas lideradas por personal investigador de la Universidad de Granada y del CSIC. El programa toca cuestiones tan diversas como la escasez de agua en Marte, las posibilidades de la sangre menstrual para transformar la ginecología o el impacto de la era digital en la intimidad y el consentimiento, además de acercar al gran público la exploración del universo desde el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Granada también sirve de punto de partida para extender el festival a pequeños municipios de la provincia, como Cozvíjar, Íllora o La Herradura. De este modo, se refuerza la idea de que la ciencia no es patrimonio exclusivo de las grandes urbes y que la curiosidad está igualmente presente en entornos rurales, donde a menudo escasean los eventos especializados.

La capital granadina refuerza además su apuesta por la infancia con Pint Kids, un bloque de actividades diseñado para que niñas y niños se acerquen a la ciencia desde el juego. En cafeterías como Nueva Estación o en el propio Parque de las Ciencias se organizan talleres sobre mutaciones mediante juegos de cartas, sesiones de “detectives de la naturaleza” para rastrear huellas y huesos, y propuestas de lanzamiento de cohetes para comprender, a escala reducida, los principios que hay detrás de los viajes espaciales.

La lista andaluza se completa con Málaga, donde la undécima edición del festival se desarrolla en los céntricos Morrisey’s y Sherlock English Pub. A partir de las 19:00, doce charlas se reparten en tres bloques temáticos en cada local. En Morrisey’s, por ejemplo, se hablará de cómo suenan las “campanas” de regolito lunar, cómo se pueden descubrir espacios a partir de coordenadas o de qué manera se está revolucionando la cocina con realidad virtual.

En el Sherlock English Pub, el foco se sitúa en la medicina, la biología y las neurociencias, con ponencias sobre nuevas hormonas prometedoras contra el párkinson, la complejidad de la biología como base de la medicina, los mecanismos de la memoria o los mitos alrededor del autismo. La organización malagueña cuenta con el apoyo de UMA Divulga, la Real Sociedad Española de Química (sección local), la FECYT y entidades como Down Málaga, además de patrocinadores nacionales.

Barcelona, Segovia y Vitoria-Gasteiz: salud, tecnología y territorio

El espíritu del festival también se deja ver en grandes núcleos urbanos. En Barcelona, el Valld’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) y el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) se suman a Pint of Science con varias charlas en bares como La Iguana, Yuzu Gastrobar o Bocca di Bonifacio Tetuan. Allí se abordarán cuestiones relacionadas con la fibromialgia, el autismo en mujeres adultas, las enfermedades renales minoritarias o el uso de bibliotecas de ADN y aprendizaje automático para encontrar nuevos fármacos.

Las sesiones barcelonesas profundizan en la importancia de adaptar los tratamientos a las características moleculares de cada paciente y en la necesidad de mirar más allá del síntoma evidente en trastornos crónicos como la artritis infantil, cuyas bases celulares se están investigando con tecnologías que permiten analizar células individuales dentro del sistema inmunitario.

Más al interior, en Segovia, el Bar Santana acoge la charla “From bench to bed”, centrada en la medicina personalizada para el tratamiento del cáncer. Las investigadoras Mariana y Claudia Yáñez explicarán cómo se está aplicando la ingeniería genómica al estudio de tumores como el colangiocarcinoma, y cómo adaptar la terapia a la biología específica de cada caso abre la puerta a abordajes más precisos.

En el País Vasco, la edición de Vitoria-Gasteiz propone un recorrido temático por cuestiones muy diferentes pero con un punto común: cómo la investigación se cruza con nuestra vida diaria y con el territorio. Un día se analizan el lenguaje y el cerebro de los neandertales y las nuevas generaciones de neuroimplantes fabricados con materiales flexibles; otro, se examina la predicción de desprendimientos en laderas vascas con modelos espaciales basados en sistemas de información geográfica, o el papel desconocido de los hongos microscópicos en el desarrollo del cáncer.

La última jornada gasteiztarra se reserva para el mundo del vino, con ponencias que muestran cómo los artrópodos pueden convertirse en aliados de los viñedos si se gestiona bien el ecosistema, y cómo recuperar variedades de uva minoritarias y viñedos viejos puede ser una estrategia interesante frente al cambio climático y para reforzar la diversidad agrícola.

Jaén y Baeza: ciencia, historia y vida cotidiana contadas en primera persona

Volviendo a la provincia de Jaén, tanto en la capital como en Baeza el festival apuesta por temáticas muy conectadas con la experiencia diaria del público. En Jaén, parte del programa se centra en la propia ciudad: se analizan intervenciones artísticas contemporáneas en sus muros y fachadas y se revisa la evolución estructural de espacios históricos como los Reales Alcázares, poniendo en diálogo el pasado y el presente urbano.

Otra sesión propone un viaje desde un volcán bajo el hielo en la Antártida hasta los laboratorios de genética, donde el ADN se convierte en herramienta para reconstruir historias de personas que vivieron y murieron hace siglos. El último día, el foco se desplaza a la relación entre actividad física, bienestar psicológico y consumo de alcohol, con charlas sobre cómo el ejercicio influye en mente y cuerpo y qué nos dicen los datos sobre conductas de consumo.

En Baeza, la pregunta de arranque es sencilla: ¿cómo nos habla la calle? Una de las ponencias analiza la ciudad como un espacio lingüístico vivo, donde letreros, rótulos, grafitis y otros textos forman un gran corpus que permite estudiar usos cotidianos del idioma. Otra se adentra en la inteligencia artificial y plantea hasta qué punto la vemos como una herramienta o como una nueva forma de existencia, mientras una tercera se sumerge en la investigación del océano desde una perspectiva científica accesible.

La experiencia en estas localidades jiennenses ilustra bien una tendencia general del festival: combinar cuestiones globales con problemas y referencias muy locales, de modo que el público pueda engancharse tanto por curiosidad intelectual como por cercanía con su propio entorno.

En todas estas sedes, la organización recalca que la entrada es libre hasta completar aforo y que la programación detallada, con horarios, títulos y perfiles de ponentes, se puede consultar en la web oficial del festival y en sus redes sociales. Esta información centralizada permite localizar con facilidad qué bar se convierte en “bar científico” en cada ciudad y a qué hora.

Tras más de una década en España, Pint of Science se ha consolidado como un punto de encuentro entre la curiosidad ciudadana y quienes se dedican a investigar, especialmente en contextos donde no abundan las actividades científicas presenciales. Charlas sobre medicina personalizada, volcanes ocultos bajo el hielo, historia urbana, biotecnología, oceanografía o neurociencia comparten cartel con debates sobre IA, memoria, autismo, cáncer o cambio climático, siempre con un denominador común: sacar la ciencia del laboratorio y sentarla a la mesa del bar, a la altura de cualquier conversación cotidiana.

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