- Carl Wunsch recibe el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente por su papel clave en la observación global de los océanos.
- Sus trabajos sentaron las bases de programas como WOCE, TOPEX/Poseidon y Argo, que miden el calor oceánico, el nivel del mar y la fusión de hielos.
- Las mediciones impulsadas por Wunsch confirman el rápido calentamiento de los océanos, el ascenso del nivel del mar y el aumento de fenómenos extremos que afectan también a Europa y España.
- El jurado destaca su apuesta por la cooperación científica internacional como herramienta esencial para entender y afrontar la crisis climática.
El oceanógrafo físico Carl Wunsch, figura de referencia internacional en el estudio del clima oceánico, ha sido distinguido con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente. El galardón reconoce una trayectoria que ha cambiado la forma de observar el mar y ha permitido medir, con un nivel de detalle impensable hace apenas unas décadas, cómo el calentamiento global está alterando los océanos.
Gracias a sus trabajos, hoy se sabe con mucha más precisión cuánto calor está absorbiendo el océano, cómo se redistribuye esa energía y qué implica para el nivel del mar y los fenómenos extremos que afectan directamente a Europa y, en particular, a países como España, donde episodios como las danas, las olas de calor o las inundaciones son cada vez más frecuentes e intensos.
Un pionero en convertir el océano en un sistema medible
La base del reconocimiento del jurado es que Wunsch comprendió muy pronto que el océano es una pieza central del sistema climático terrestre, pero que la comunidad científica apenas contaba con herramientas para seguir su evolución. A finales del siglo XX, observar el mar significaba embarcarse durante semanas, tomar datos puntuales y asumir que la mayor parte de lo que ocurría entre campaña y campaña quedaba sin registrar.
Formado inicialmente en Matemáticas y doctorado en Geofísica, el investigador del MIT vio claro que, con ese enfoque clásico, era imposible responder a preguntas básicas sobre el clima, como la cantidad de calor acumulado en el océano o el volumen de carbono que absorbe. Él mismo recuerda que, en un informe pionero de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos a finales de los años setenta, los oceanógrafos tenían muy poco que aportar porque, sencillamente, no existía una capacidad observacional global.
Esa carencia fue el detonante de lo que el propio Wunsch definió como un “enfoque radicalmente diferente” para la oceanografía. En lugar de depender solo de buques lentos y costosos, planteó aprovechar la combinación de satélites, boyas autónomas e instrumentación distribuida por todos los océanos para disponer de un sistema coherente de vigilancia planetaria.
El jurado del premio subraya que sus aportaciones metodológicas y técnicas han sido esenciales para el diseño de los actuales programas de observación oceánica a escala global, que hoy permiten estimar con rigor el aumento de la temperatura del mar, la subida del nivel medio del océano y la fusión de los hielos polares.
WOCE: el experimento que cambió la observación del océano
Uno de los hitos más destacados de su carrera fue el impulso al World Ocean Circulation Experiment (WOCE), el gran Experimento Mundial de Circulación Oceánica lanzado en 1990. Este programa internacional, en el que participaron cerca de 30 países, tenía un objetivo ambicioso: ofrecer una visión de conjunto de los flujos de calor y masa que recorren los océanos y su papel en el cambio climático.
Durante más de una década, WOCE recopiló datos procedentes de buques, satélites y boyas equipadas con sensores de temperatura, salinidad y otros parámetros clave. Esta información fue decisiva para corregir y mejorar los modelos climáticos, permitiendo describir con mayor detalle cómo se mueve el agua desde la superficie hasta las profundidades y cómo interactúa el océano con la atmósfera.
El proyecto puso especial atención en el Océano Austral, una región remota y poco muestreada hasta entonces, pero crucial para entender el intercambio de calor y carbono entre el mar y la atmósfera. La cobertura global de WOCE ayudó a desmontar la idea de un océano prácticamente inmutable y mostró que las variaciones oceánicas son significativas tanto a escala regional como planetaria.
Para Wunsch, la lección de aquellos años fue clara: si se quería anticipar el comportamiento del clima, no bastaba con mirar al aire. Era imprescindible contar con una base de datos robusta y global del estado del océano, algo que hasta entonces nadie había logrado construir con la suficiente continuidad y precisión.
El éxito de WOCE no se limitó a sus resultados científicos inmediatos, sino que sentó el marco conceptual y técnico de los sistemas de observación posterior, demostrando que la colaboración internacional y el uso combinado de tecnologías eran el único camino viable para seguir el pulso del planeta.
Satélites, altimetría y el salto al espacio
La revolución tecnológica que vivió la oceanografía en las décadas de 1980 y 1990 tuvo en Wunsch a uno de sus principales impulsores. En esos años, los avances en observación por satélite y en capacidad de computación abrieron la puerta a algo que antes sonaba casi imposible: seguir la evolución diaria del océano a escala global.
El investigador fue una figura clave en el desarrollo de la altimetría satelital, la técnica que mide con gran precisión la altura de la superficie del mar desde el espacio. Esta herramienta permite detectar variaciones de apenas unos centímetros, suficientes para inferir cambios en la circulación, el contenido de calor y el almacenamiento de energía en el océano.
Ese trabajo cristalizó en la misión TOPEX/Poseidon, lanzada en 1992 como una iniciativa franco-estadounidense. Este proyecto, en el que Wunsch desempeñó un papel protagonista, hizo posible calcular los cambios en la cantidad de calor del océano a partir de las variaciones en su elevación, ya que un agua más caliente se expande, es menos densa y ocupa mayor volumen.
La altimetría de alta precisión permitió además seguir con más detalle el ascenso del nivel medio del mar, un indicador de enorme relevancia para regiones costeras densamente pobladas de Europa, incluida la fachada atlántica y mediterránea de España. Estos datos, cruzados con otras observaciones, han ayudado a estimar la contribución del deshielo polar y del calentamiento del agua a la subida del mar.
Los programas satelitales impulsados en esa etapa allanaron el terreno para combinar las mediciones desde el espacio con redes de observación in situ, creando un sistema integrado que hoy alimenta tanto los modelos climáticos globales como las previsiones operativas utilizadas por servicios meteorológicos y oceanográficos europeos.
Argo: una flota de 4.000 boyas para vigilar el océano
El siguiente paso en esta transformación llegó con el lanzamiento del programa Argo a partir de 1998, en el que la visión científica y las contribuciones metodológicas de Wunsch fueron determinantes. Se trata de una red internacional compuesta por casi 4.000 boyas autónomas distribuidas por todos los océanos, que se sumergen y emergen de forma periódica midiendo la temperatura, la salinidad y las corrientes hasta unos 2.000 metros de profundidad.
Estos flotadores envían sus datos por satélite a centros de análisis repartidos por todo el mundo, que procesan la información casi en tiempo real. Gracias a Argo, los científicos disponen hoy de una imagen mucho más detallada de cómo se reparte el calor en el interior del océano y de cómo varía su estructura a escalas temporales muy diferentes, desde semanas hasta décadas.
El programa se ha convertido en una pieza básica de la infraestructura global de observación del clima. Para regiones como Europa, ha supuesto un salto cualitativo a la hora de vigilar cambios en el Atlántico Norte, el Mediterráneo y las aguas cercanas a la península ibérica, zonas que influyen de forma directa en las condiciones meteorológicas que se viven en España.
Según destaca la Fundación BBVA, Argo sigue plenamente operativo y en constante evolución, incorporando nuevas generaciones de boyas capaces de explorar capas aún más profundas o medir variables adicionales, como el contenido de oxígeno disuelto o el carbono. Todo ello amplía la capacidad de monitorizar el impacto del calentamiento global en los ecosistemas marinos.
El conjunto formado por WOCE, la altimetría satelital y la red Argo ilustra la manera en que Wunsch ha logrado conectar la teoría, la tecnología y la cooperación internacional para convertir en realidad lo que durante mucho tiempo se veía como un objetivo casi inalcanzable: observar el océano mundial con continuidad y rigor científico.
Calor oceánico, nivel del mar y fenómenos extremos
Las observaciones acumuladas durante décadas gracias a estos programas ofrecen una imagen clara y, en muchos casos, inquietante. Los datos confirman que el océano se está calentando a un ritmo creciente y que en las últimas dos décadas ha absorbido cada año una cantidad de energía equivalente a muchas veces el consumo energético anual de la humanidad, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Los registros muestran también que el nivel medio del mar se sitúa ya varios centímetros por encima de los valores de hace treinta años, y que el ritmo de subida se ha acelerado respecto a la segunda mitad del siglo XX. Buena parte de ese incremento se atribuye a la expansión térmica del agua y al deshielo de los glaciares y las capas de hielo polares, procesos ambos directamente vinculados al calentamiento global.
Estas tendencias tienen consecuencias directas para las zonas costeras europeas, incluidas las costas españolas. La combinación de ascenso del nivel del mar, temporales más intensos y episodios de lluvias extremas aumenta el riesgo de inundaciones, erosión y daños en infraestructuras, algo que ya preocupa a las autoridades y a la comunidad científica en el ámbito mediterráneo y atlántico.
El jurado del premio incide además en que la energía térmica acumulada en el océano está relacionada con la mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, sequías, incendios, lluvias torrenciales, inundaciones o danas. En el caso de la península ibérica, estos episodios se han vuelto más recurrentes y se espera que sigan ganando protagonismo si no se reducen de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero.
El trabajo de Wunsch ha sido clave para poder cuantificar con mayor exactitud esta acumulación de calor y su distribución, aportando las bases de las estimaciones actuales sobre la trayectoria futura del sistema climático. Aunque persisten incertidumbres, las series de datos generadas por los programas que impulsó permiten afinar los escenarios de subida del nivel del mar y de cambio en la circulación oceánica, aspectos decisivos para planificar la adaptación en ciudades costeras europeas.
Ciencia internacional para un problema global
Más allá de los avances técnicos y de las cifras concretas, el jurado del Premio Fronteras del Conocimiento subraya un elemento que recorre la carrera de Wunsch de principio a fin: la apuesta por la cooperación científica internacional. Desde los primeros experimentos globales hasta los actuales sistemas de boyas y satélites, sus proyectos se han apoyado siempre en el trabajo conjunto de instituciones y países de todo el mundo.
Según recoge el fallo, los logros del investigador demuestran que solo mediante esfuerzos coordinados y compartiendo datos es posible abordar preguntas esenciales sobre la evolución del clima. El océano no entiende de fronteras y, por tanto, tampoco lo hacen las corrientes, el calor o el carbono que transporta. Esta visión encaja de lleno con el enfoque impulsado desde Europa, donde consorcios y redes de observación multinacionales se han convertido en una herramienta clave para estudiar el cambio climático.
La Fundación BBVA destaca que la trayectoria de Wunsch constituye un ejemplo de cómo la colaboración entre disciplinas -desde la matemáticas y la física hasta la ingeniería y la informática- puede traducirse en soluciones prácticas para vigilar y entender un sistema tan complejo como el océano. Esa combinación de ciencia fundamental, tecnología avanzada y cooperación global es, en opinión del jurado, una referencia para las generaciones más jóvenes de investigadores.
Hoy, el galardonado es profesor emérito del MIT y mantiene vínculos académicos con Harvard, tras décadas dedicadas tanto a la investigación como a la docencia. Su influencia va más allá de sus propios trabajos, ya que ha contribuido a formar a numerosos especialistas en oceanografía física y ciencias del clima que continúan desarrollando y perfeccionando los sistemas de observación que él ayudó a poner en marcha.
En conjunto, el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento a Carl Wunsch reconoce a un científico que ha logrado que el océano deje de ser el gran punto ciego del cambio climático. Al impulsar redes globales de medición, aprovechar la observación por satélite y desarrollar herramientas analíticas para interpretar los datos, ha permitido entender mejor cómo se calienta el mar, cómo sube el nivel del océano y cómo se alimentan los fenómenos extremos que ya afectan a España, Europa y al resto del planeta, aportando información imprescindible para la toma de decisiones en un contexto climático cada vez más exigente.
